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lunes, 28 de noviembre de 2011

Mesa #10. Lunes 08/04/2010 20:33

─¿Crees en las maldiciones?
─No.
─Pues yo sí; es más, mientras esperamos a que nos sirvan lo que nos hemos pedido te voy a contar una historia en la que yo, sin desearlo, formo parte de una. Verás, sé más o menos con certeza que mi familia esta maldita...
─Pero...
─No, no trates de interrumpirme, déjame que te cuente, así, de un tirón. A ver... Cómo empiezo... Ah sí, todo comenzó hace casi veinte años; mi madre se peleó con una de sus cuñadas. La mujer de mi tío era una persona de un carácter fuerte, soberbia, de temperamento tosco y fama de bruja que hacía que nadie o casi nadie le pudiera plantar cara. Pues bien, cuando murió mi abuelo, mi tía se emperró en quedarse con gran parte de los enseres de la casa. En su mayoría eran muebles antiguos, algunos de cierto valor económico. Mi madre se opuso radicalmente a ello. No porque le interesasen, sino porque dichos muebles eran un préstamo de una hermana de mi abuelo y mi madre, haciendo caso a las últimas voluntades del mismo, se emperró en que su primo, que era el legítimo propietario a dichos muebles, tuviera la potestad de elegir qué haría realmente con ellos. Por supuesto los muebles se los llevó. Es más, no veía por qué una pariente de la rama política los reclamaba como suyos.
─Eso también lo he pensado yo...
─Pues bien, como te imaginas, la pugna acabó en una gran discusión y la discusión en pelea. En un pis pas la familia, como si fuese un torreón acosado por un poderoso ejército, se vino abajo, en menos de lo que canta un gallo. Huy, mira ya han llegado los bocadillos.
─No importa, sigue contando...
─Bien, pasaron dos años en los que nadie se atrevía a dar el paso y volver a dirigirse la palabra. Bueno, más que atreverse, en mi opinión creo que no les daba la puta gana. Por otro lado había mucha manipulación, mucho veneno vertido por parte de la mujer de mi tío, odio e ira acumulada... mala combinación.
─Explosiva, diría yo.
─Todo el mundo, en el que incluyo, y el resto de primos y tíos, parecía ajeno a cualquier intento de apaciguar las aguas. Era como si les diese por lamerse las heridas. Pero aun así algunos miembros llegaron a crear extrañas alianzas entre ellos, potenciando las malas vibraciones. En cualquier caso, la peor parada fue mi madre. Ella se quedó sola. Incluso su primo, al que tanto había apoyado y defendido, también acabó por darle la espalda.
─Vaya...
─Mi madre siempre había sido una mujer muy valiente y aguantó carros y carretas, muy en especial en una etapa en la que lo pasamos muy mal en lo que respecta al tema económico. No sé, yo creo que ahí fue donde empezó todo. Me refiero a que aquél fue el primer paso para que se pusiera en camino la maldición que nos asoló después.
─¿Y por qué estás tan seguro de eso?
─Déjame que te lo cuente. Después de la pelea familiar todo nos empezó a ir mal. Mi padre tuvo una mala racha laboral y no fue echado de su trabajo, sino invitado a hacerlo. Al negarse fue puteado por sus compañeros en un clima enrarecido que se había creado dentro de la empresa. Todo el mundo estaba contra él. Lo humillaban y lo despreciaban, era como si fuese la diana en una competición de dardos salvaje y multitudinaria. Un año después mi padre, debido al estrés, sufrió un infarto. No fue en el corazón sino en los intestinos; trombosis mesentérica se llamaba su mal. Casi se nos muere; bueno, en realidad se murió, en dos ocasiones, sobre la mesa del quirófano mientras le operaban de extrema urgencia. Recuerdo muy bien ese día. Era uno de esos días a los que yo llamo lúcidos, de ésos que están marcados a fuego en el calendario de tu vida. Es ese tipo de día en el que te das cuenta de que tu vida se encuentra justo frente a un cruce de caminos y que no eres tú el que decide adónde vas, entre otras cosas porque ya no sabes adónde vas, aunque en el fondo te gustaría llegar sano y salvo a tu destino, sea cual sea.
─Creo que a mí eso me ha sucedido en un par de ocasiones.
─Ya, a todo el mundo le ha sucedido alguna vez. Por suerte este tipo de días no suelen abundar. Ojo, y de la misma forma que hay en negativo también los hay en positivo, díselo a los que les toca una quiniela millonaria... En todo caso, son días en los que no está de tus manos decidir qué haces y que por mucho que quieras no puedes controlar. Todo se supedita al destino. ¡Chas! Un error y en menos de un respiro tu vida deja de ser tal y como la habías conocido hasta entonces. Lo peor de los casos es que eres consciente de ello. Pues bien, a lo que iba, en aquella ocasión, no sé si debido a que la maldición estaba en su etapa más primigenia, tuvimos bastante suerte, bueno, si se puede llamar suerte. Mi padre salió victorioso, sí, pero todo a cambio de una penosa y dura etapa de recuperación. No sólo perdió su salud, también condicionó para siempre nuestro tipo de vida. A cambio, el destino, en un acto compensatorio, nos devolvió los malos momentos pagándonos con dinero. Ya sabes, mi padre consiguió una prejubilación, la empresa le pago aparte un seguro de vida y una indemnización correspondiente a la baja laboral; no decidió él dejar de trabajar, lo hizo la enfermedad. Bueno, más concretamente, la maldición. Curiosamente, gracias a ello, pasamos unos años en los que pudimos respirar tranquilos y vivir bastante holgados.
─Menos mal.
─Ya, pero aquella bonanza duró poco tiempo. Tres años más tarde un accidente inesperado casi acaba con la vida de mis padres, de mi hermana y la mía propia. Salimos ilesos. Pero poco nos faltó, por los pelos, para morir juntos. Ese día fue también crucial. Mi madre consiguió hacer las paces con su cuñada; o por lo menos limar asperezas. Pero nada se pudo hacer con la maldición: ya estaba echada. ¿Sabes?, en la mayoría de las ocasiones ésta adquiere vida propia y ya no se puede detener. Se puede esquivar, pero nunca conseguir huir de ella. Te persigue incansable.
─¡Madre mía!
─Como te puedes imaginar, aun después de haber regresado la paz a la familia la maldición también regresó, justo en el momento en que todo parecía perfecto y con muchísima intensidad. Lo hizo cuatro años más tarde. Su llegada fue como un poderoso tsunami y se llevó con ella la vida de mi madre y de propina nos dejó sin casa 
─un rayo la quemó por completo─ y a mí sin trabajo; todo ello en menos de quince días.
─¡Vaya!
─He de decir que la muerte de mi madre fue tan inesperada que sorprendió a muchísima gente. Es lo que tienen los ictus, encima si estos vienen en el peor lado del cerebro y justo el mismo día en que en el hospital al que la llevan nada funciona tal como debería funcionar. He de reconocer que en esta ocasión la maldición entró en nuestras vidas como un ladrón en la noche.
─Ni que lo digas...
─Era todo muy extraño. Como si de repente el protagonista de una película, o de un libro, es eliminado justo en mitad de la historia. Aquello no cuadraba por ningún lado. Fue por aquel entonces cuando yo, buscando respuestas, comencé a atar cabos y me di cuenta de la posible existencia de algo inusual, de una sombra que no debía estar ahí pero que de vez en cuando la podías ver por el rabillo del ojo.
─¿Te refieres a la maldición?
─Sí, la maldición. He de reconocer que por un lado la muy jodida había vuelto a ganarnos la batalla pero, por otro lado, también había perdido la guerra. En esta ocasión había querido ser ambiciosa y por culpa de ello había perdido puntos en astucia. Su torpeza la había traicionado y sin querer había asomado la patita. Se había dado a conocer. Para tratar de hacer una maldad a lo grande creo que se se ha de tener algo más que fuerza o impulsividad.
─Vamos, la discreción no era lo suyo...
─¡Exacto!
─Perdona que te interrumpa, pero hablas de la maldición como si fuese una persona de carne y hueso. ¿No es mejor echarle la culpa a la supuesta persona que la puso en marcha? ¿O pedirle que hiciera algo para detenerla?
─Ya te he dicho que no se puede. Ya no tenía dueño. Era independiente. Se había creado con mucha ira y odio y esa fuerza tenía vida propia. Al final puedo asegurarte que había acabado adquiriendo una especie de aspecto, aunque fuese algo abstracto o intangible, pero no por ello sin dejar de tener incluso una personalidad propia, como la que puede tener una persona. Como tal, la maldición había adquirido virtudes y, por qué no, también sus defectos. En el caso de nuestra maldición, como ya te he dicho antes, era la prepotencia y la torpeza.
─No es que no te crea, pero sigo viendo todo como un compendio de casualidades. Lo veo mucho más factible que pensar en la influencia de lo esotérico.
─Déjame que continúe y verás como no es así.
─De acuerdo, adelante.
─Dos años después de la muerte de mi madre la maldición volvió a aparecer. Afectó a varios miembros de la familia, incluso a aquellos que habían formado parte de la extraña alianza. Había muertes inesperadas, casos de cáncer virulentos, infartos... Fue curioso, pero a la familia de ella, la mujer de mi tío, nunca les pasó nada. Todos ellos con una salud de hierro. En nuestro núcleo familiar la maldición le hizo una visita nada cordial a mi hermana. Vino a verla para traerle una terrible enfermedad neuronal, degenerativa y muy poco común en gente de su edad. Era tan virulenta que la fue mermando de forma rápida días tras día y para mayor colmo también afectó de pleno a su vida de pareja. Lo que en un principio fue no saber llevar una situación tan drástica como aquella al final se convirtió en una pesadilla llena de insultos, vejaciones, golpes y casi la muerte. Sí, la maldición había vuelto y de nuevo con fuerza. Lo digo porque de postre aún tuvo el capricho de propinarle el empujón definitivo a mi padre que le condujo derechito a la tumba.
─Es espeluznante lo que me cuentas. Entonces, ¿el próximo en caer vas a ser tú?
─Bueno, la maldición no me está castigando con una enfermedad, para mí ha guardado lo peor.
─¿Lo peor? No te entiendo...
─Su regalo ha sido darme el pleno conocimiento de su existencia y ser testigo de su poder de destrucción. Sin que pueda hacer nada por acallarlo. No te puedes imaginar cómo duele la impotencia.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Mesa #10. Miércoles 10/05/2006 19:25

─¿Sabes que Arturito se ha casado?
─¿Tu hermano?
─Sí, claro, ¿qué Arturito iba a ser?
─No sé, como tú siempre te mueves por muchos ambientes...
─Bueno, pues sí, mi hermano mayor se ha casado, hace un mes, pero, ¿sabes que no nos ha invitado a la boda?
─¿Qué dices? ¿Ni siquiera a tus padres?
─Ni siquiera a mis padres. Tenemos un disgusto...
─¿Y eso? ¿Han reñido?
─No... bueno, en teoría no. La culpa de todo la tiene su mujer. Dice que nunca nos ha tragado y no nos quiere ver ni en pintura.
─¿Su mujer? ¿Te refieres a la que ha sido su novia de toda la vida?
─Sí, ésa, la misma que viste y calza.
─¡Pero si siempre estaba con vosotros la mar de feliz!
─Pues eso nos parecía pero, mira tú por dónde, la muy hija de puta nos la estuvo jugando durante estos quince años de largo noviazgo.
─¡No me lo puedo creer! ¡Con lo que hizo tu madre por ella!
─Más que su propia madre, que la trataba como una perra. Fíjate si tiene desfachatez que no hace más de una semana que se nos presenta en casa, con una de sus primas, y nos anuncia lo de la boda. ¡Hasta trae el álbum de fotos por si querías comprar alguna y ponerla en la mesita de noche o sobre la chimenea! Ya te puedes imaginar, mi madre rompió a llorar desconsolada y ella trató de que se callase levantándole la mano.
─¿Y tu padre no estaba allí?
─Había salido a buscar recetas al médico.
─¿Y no le agarraste del moño?
─Bueno, más que eso..., le inflé la cara a bofetadas. Me quedé a gusto. Y mira que nunca he sido de violentarme con nadie, y menos de esa forma.
─No hace falta que me lo digas, nena. Tú siempre has sido una mujer muy educada y comedida.
─Pues va la tipa y después de ese follón que me monta en casa me denuncia por agresión. ¡Aquella misma tarde se presentó con la policía!
─¡No puede ser! Es tan repugnante...
─Al parecer su prima había grabado la pelea con el teléfono. Claro, sólo desde el instante en el que yo la golpeaba. Todo lo de antes lo omitió. Encima la muy burra de mi madre, cuando los agentes le preguntan por la agresión, corrobora que hubo violencia entre las dos y que fuí yo quien empecé a pegar a mi cuñada.
─No se lo tengas en cuenta, mujer, estaría muy nerviosa...
─Pero se lo podía haber pensado antes de abrir la boca, ¿no? Al final la perjudicada he sido yo y, la otra, victoriosa.
─Vamos, que la tía quiere sacaros dinero a costa de malos rollos...
─Por supuesto, y así lo ha hecho...
─¿Qué me dices?
─Pues lo que oyes. Hace unos días mi hermano llamó a mi madre. Le dijo que si quería que su mujer me quitase la denuncia, solo tenía que entregarle las llaves de la casa de la playa y de la caja fuerte donde tiene todas las joyas. Le dijo que si lo hacía estaríamos en paz y que el juicio no tiraría hacia delante.
─¿Y tu madre qué ha hecho?
─¡Pues le ha hecho caso! Dice que para evitar malos rollos... Ahora ya no tenemos casa en la playa. Mi hermano la ha invadido y ha metido a su mujer, la madre de ella, la tía y la prima; ah, y tres sobrinos con sus respectivas novias...
─¡No me lo puedo creer! ¿En serio?
─Pues créetelo. Ayer ella misma llamó a mi madre diciéndole, en plan chulo, que iba a vender las joyas que le había "regalado" porque no le gustaban nada. Las encontraba "carcas". Bueno, lo único que se quedaba eran los pendientes de brillantes que le había regalado mi padre para las bodas de plata, ya que su madre se había encaprichado de ellos y era lo único que le quedaba bien.
─Lo siento, ¡pero no salgo aún de mi asombro! ¿Y no podéis hacer nada? Pedid ayuda a un abogado, no sé, contratad unos sicarios..., algo...
─No podemos. Mi hermano nos ha advertido que si intentamos cualquier cosa contra ellos la familia de su mujer va a hacer todo lo posible para hacernos la vida imposible. Muchos de ellos han estado ya en la cárcel, en varias ocasiones, y les da igual volver a ella. Hoy le ha dicho a mi padre que se va a hacer con los papeles de la casa y que nos va a desahuciar a todos.
─Pero eso no puede hacerlo.
─Sí puede. Le ha amenazado con matarlo si no firma.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Mesa #07. Miércoles /04/02/2009 10:02

─Y bien, ¿qué tal me veis?
─Pues, la verdad… Perfecto.
─Mejor de lo que esperábamos.
─Sabía que os iba a gustar, aunque la duda siempre está ahí. ¿Cuándo tenéis pensado que haga mi llegada?
─Bueno, en realidad eso es una cosa muy difícil de calcular.
─Quiere decir que hay que preparar el momento... No es algo que queremos que nos sorprenda. 

─Tiene que ser muy especial.
─Ah, vale, ya entiendo por dónde vais...
─Gracias. Menos mal.
─¿Os resulta incómodo?
─No, no, en absoluto. Bueno, sí, son cosas tan intimas...
─Y cambiando entonces de tema, ¿a quién de los dos creéis que me pareceré?
─Bueno...
 ─¿A ti a quién te gustaría parecerte?
─¿A mí? Pues a Marlon Brando en La Ley del Silencio.
─Vaya...
─¿Qué sucede?
─Nada. Bueno, te imaginábamos mucho más...
─¿Modosito?
─Bueno, sí, un poco más.
─Eso no va conmigo. Pero ojo, que quiera parecerme a Marlon Brando en esa película no significa que deseé acabar siendo un proscrito de la ley.
─Ah, menos mal...
─Lo decía por las motos. He decidido que me van a gustar mucho las motos. Eso de quemar el asfalto, sentir el aire en la cara, en el pelo. Por cierto ¿sabéis que voy a ser pelirrojo?
 ─¡Oh, vaya!

─¡Como mi madre!
─Y quiero que mi moto sea también roja como mi pelo… y muy potente, y muy veloz, y que las nenas se suban a ella y se sientan transportadas en una especie de águila salvaje, libre, y poder recorrer el mundo junto con ellas y conquistar sus corazo...
 ─¡Hey!, para, para, para el carro jovencito... Antes de todo eso has de nacer, crecer, aprender a caminar e ir a la guardería como el resto de los niños; eso sin olvidarte de llevar pañales, pasar de éstos a ir solito al orinal, dejar el biberón y pasar a la papilla y luego a comer con tenedor y cuchillo.
 ─E ir al colegio, aprender a leer y escribir, sacar buenas notas, sufrir tus primeras poluciones nocturnas, los desengaños amorosos y trabajar para conseguir tu "águila salvaje" gracias a la ayuda de tu propio y único esfuerzo...
 ─Oye, ¿qué sucede? No te habrás enfadado con nosotros ¿verdad?
 ─No… no para nada. Simplemente… que es duro volver a nacer, ¿no es cierto?
 ─Sí lo es, hijo. Pero es algo maravilloso.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Mesa #10. Domingo 13/06/2004 12:16

─¿No resulta maravilloso?
─¿El qué?
─Que se le pueda sacar el hueso a una aceituna y rellenarla después de pimiento o de anchoa.
─O atún.
─También, cierto.
─Siempre me he preguntado cómo se les quita el hueso a las aceitunas sin destrozarlas.
─Pues una vez visité una fábrica y vi cómo lo hacían.
─¿Ah, sí?
─Sí. Recuerdo que primero las clasifican, luego las van haciendo pasar por unos tornos donde se van colocando una por una; las hacen ir todas en fila india por la deshuesadora, una especie de máquina que las atrapa y una punta, tipo punzón, en un extremo, de un golpe  les va quitando el hueso; es increíble ver cómo sale limpio. Luego las van rellenando.
─¿A mano?
─No burro, de la misma forma, pero inyectándoles el relleno.
─¿Y qué hacen con el hueso?
─Antes se tiraba. Ahora se utiliza para crear combustible.
─¿Para coches?
─No, para estufas. ¿Sabes que dos kilos de huesos de aceitunas equivalen a un litro de combustible?
─Vaya. Pues a mí me gusta
 todo tipo de aceitunas. No tengo problemas. 
─A mí me sucede lo mismo, pero me fascinan las rellenas. Creo que es el mejor aperitivo del mundo...
─Siento llevarte la contraria, pero el mejor aperitivo del mundo son los berberechos con salsa de tabasco.
─¡Qué dices! Donde se ponga una buena ración de aceitunas que se quite todo lo demás.
─¿De qué habláis?
─Seguro que de fútbol o de "guarrindinguis punto com".
─Vaya, los dos tardones. ¿Ya habéis pedido?
─No, pero me apetece un Martini.
─Si lo pides blanco no te olvides de que le pongan una aceituna.
─Quita, quita, eso son mariconadas. Yo lo quiero con hielo.
─Pues yo me voy a pedir una birra... y algo para picar.
─Pues sí, ahora que lo dices.
─Nosotros nos hemos acabado una ración de aceitunas rellenas. Precisamente hablábamos de si era mejor aperitivo las aceitunas o los berberechos con tabasco.
─¡Apuntadme un tanto a los berberechos picantes!
─¿A que sí?
─Por supuesto. ¿Sabéis lo que me gusta más y que sigo haciendo desde que era niño?
─¿Qué?
─Mojar patatas fritas, de ésas de bolsa, en el jugo de los berberechos. ¡Es orgásmico!
─Joder, tío, debe de quedar eso hecho una plasta.
─¡No! Hay que calcular bien el tiempo de contacto entre la patata y el jugo. Por regla general dos segundos y al gaznate. Madre mía, qué bueno está eso.
─Pues a mí me gustan las patatas fritas con vinagre.
─Joder y a mí, pero luego te quedas con la boca hecha un Cristo.
─Pues dicen que la creación de las patatas con vinagre fue por culpa de un error.
─Pues menudo error más delicioso.
─Lo que son las cosas, ¿no?
─Pues a mí como una ración de patatas bravas...
─O bombas.
─También.
─¿Con All i Oli?
─Con lo que sea pero que pique mucho.
─La madre que os parió, me está entrando hambre de nuevo y la parienta en casa preparando la paellita; además hoy vienen a comer los suegros y el imbécil de mi cuñado.
─Menudo cabronazo tu cuñado.
─No me lo recuerdes. Con cuarenta y cinco tacos y no da palo al agua; todo porque dice que está deprimido. El tío vive con sus padres y a pie de rey. Encima yo, como un idiota, currando de sol a sol y he de darle pasta cada vez que viene a casa porque, si no lo hago, mi mujer esa noche me hace dormir en el sofá.
─Manda huevos.
─Búscale novia.
─No, que con la suerte que tengo seguro que es igual de lerda que él y luego me toca hacerles paga doble.

─¡Camarero! Ponga un Martini con hielo y una cerveza fresquita...
─¡... Que sean dos...!
─¡... Tres!
─Y una ración de bravas, una de berberechos picantes y una bolsa de patatas fritas...
─... Y otra de aceitunas...
─... Y una de croquetas...
─¿Y tenéis navajas?
─Sí, señor.
─Pues una de navajas también.
─¡Oye, que dentro de una hora tengo paella!
─¡Calla, y si no quieres picar no piques! ¡Que tú hoy te vas a poner como el Kiko!
─Por cierto, ¿sabéis quién era el Kiko?
─No.
─Qué va.
─Ni idea.
─Pues yo enseguida os lo cuento...

lunes, 24 de octubre de 2011

Mesa #10. Miércoles 19/11/1980 10:47

─¿Me estás diciendo que me has llamado para decirme, aquí, ahora, en este café, que el niño que estás esperando desde hace ocho meses es mío?
 ─Sí, y que me casé con tu hijo porque en realidad siempre he estado perdidamente enamorada de ti.

domingo, 23 de octubre de 2011

Mesa #10. Miércoles 08/04/2009 23:58

─Me alegra que hayas venido...
─¿Qué sucede?
─Estamos metidos en un gran problema.
─¿Metidos? ¿De qué estás hablando?
─Se ha muerto...
─¿Se ha muerto quién?
─¡Quién va a ser, el abuelo!
 ─¡Sshhhhhh! ¡Haz el favor de hablar más bajito!
─Pues eso que se nos ha muerto...
─¡No jodas!
─Sube a comprobarlo. Ahí lo tienes, todo tieso, en su cama.
─¿Estás seguro?
─¡Claro que estoy seguro! Está frío, no tiene pulso. He acercado la oreja al pecho y no he escuchado su corazón; también lo he zarandeado de un lado a otro y no se despertaba; tampoco respiraba... Sí, tío, he hecho como en las películas, le he puesto un espejo en la boca y la nariz para comprobarlo y nada. Más muerto que una estatua de mármol.
─¡Mierda!
─¿Y qué vamos a hacer?
─¡Hay que actuar rápido!
─Oye, ¿cuánto tardará...?
─¿Tardará...?
─Ya sabes, en pudrirse y apestar.
─¡Y yo qué sé! Una vez leí en una web de Internet que ahora los cadáveres tardan más en descomponerse por culpa de los conservantes alimenticios.
─Pero aunque tarde acabará pudriéndose y apestándolo todo. Y eso no es nada bueno para nosotros.
─¿Y si lo enterramos?
─¿Para que un día lo encuentre alguien? Debe quedarse a nuestro lado el máximo tiempo posible... Podríamos necesitarlo.
─¿Y para qué íbamos a necesitarlo?
─Pues, no sé, nunca se sabe... Pero es esencial que esté con nosotros.
─Prefiero enterrarlo. Me da grima tener un muerto en casa.
─Pero si no tengo ni idea de hacer un agujero con una pala y tú menos... Además, ¿has visto esos bracitos que me llevas?
─¿Qué les pasa a mis brazos?
─Pues que están esmirriados. Parecen los de un puto Emo. Con eso no levantas una pala ni ayudado por una grúa.
─Podríamos disecarlo...
─Muy bien... ¿Ves qué fácil? No sabemos hacer agujeros en tierra pero sí sabemos disecar a un muerto.
─Tengo un amigo...
─¿Estás loco?
─Pero él es taxidermista. Me debe varios favores. Sé cosas suyas sobre temas de caza furtiva que le podrían perjudicar mucho... Creo que por ahí le podemos parar los pies si es necesario.
─¿Y tú crees que nos puede ayudar...?
─No sé, tal vez... Puedo hablar con él. Incluso le podíamos dar un aliciente por tener la boca cerrada... Oye, ¿por qué me miras así? Sería hasta justo...
─Haré como si no lo hubiese escuchado. Prefiero no decir lo que pienso en estos momentos.
─Como quieras. ¿Vas a subir a verlo?
─¿A quién?
─A quién va a ser... ¡Al abuelo!
─Pues no va a haber más remedio... Déjame que antes me tome un café y un coñac bien cargados.
─Oye, si lo prefieres podríamos hacer como es debido; ya sabes... Llamar a la policía, enterrarlo como Dios manda y...
─¿... Perder la pensión del abuelo y ponernos a trabajar? ¡Y una mierda!

viernes, 14 de octubre de 2011

Mesa #10. Viernes 04/05/2007 18:05

─Tranquilos, papá ya no nos volverá a hacer daño.
─¿Por qué?
─Porque esta tarde se ha quedado dormido y no se despertará jamás.
─¿Qué ha pasado, le ha picado la mosca Tsé-Tsé?
─¿Qué es la mosca “Sesé”?
─No, nada de eso... Escuchad, yo no voy a poder quedarme con vosotros, me he de ir.
─¿Dónde mamá?
─Muy lejos, cielo.
─¿Y no podemos ir contigo?
─No. Os quedaréis con vuestra tía. La he llamado y debe de estar a punto de llegar.
─¡Mamá no quiero que te vayas!
─No llores, corazón, a partir de ahora todo va a ir de maravilla.
─¿Mamá, vas a cuidar de papá?
─No. Papá no necesita ayuda...
─¿Y si se despierta?
─Dudo que lo haga.
─Bueno, y si se despierta, ¿qué le digo?
 ─Tú cuida de tu hermana y no te preocupes más de tu padre.
─Pero...
─¡No se hable más! Ahora he de marcharme. Esperad a vuestra tía, ella cuidará de vosotros.
─¿Mamá?
─Dime, mi amor.
─¿Quieres llevarte mi magdalena por si te entra hambre?
─No, Alicia... quédatela tú. Has de crecer y ponerte muy guapa.
─¿Por qué lloras, mamá?
─De emoción, hijo. Quiero que sepáis que sois lo mejor que ha pasado en mi vida.
─Mamá...
─Dime.
─¿Cuándo volveremos a verte?


viernes, 7 de octubre de 2011

Mesa #08. Lunes 08/09/2008 17:45


—Oiga, señor, perdone pero me parece una falta de respeto a esta niña que diga esas barbaridades, por más que esté al teléfono. Es una cerdada. ¿No puede esperar a que no esté delante para decir esas burradas?
—¿Y a ti qué te importa? Digo lo que me da la gana.
—Es asqueroso. ¿Le has oído, Mari? Qué asco, ha dicho palabras que... Pobre niña...
—La niña no se entera, señora. Es sorda.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo es que habla si es sorda?
—¡Bah, callaos ya, zorras!
—¡Cerdo de mierda! ¡Camarero, cóbrenos que nos vamos de aquí, no queremos estar junto a cerdos pervertidos!
—Eh, tú, no insultes a mi papá. Dice lo que quiere, y yo tampoco soy tan pequeña; sé perfectamente lo que es una polla y para qué sirve, ja, ja, ja. Papá, porfa, pídeme ya el té con magdalenas...

Mesa #10. Miércoles 07/04/2021 22:50

─¿Ha traído la muestra que le pedí?
─Sí, lo tiene dentro de este frasco especial que me envió.
─Entonces... ¿Está segura de que quiere hacerlo?
─Sí, quiero clonar a mi hermana.
─Supongo que también habrá traído el dinero.
─Lo tiene todo en el maletín, cuéntelo si quiere.
─Lo haré luego. No se preocupe.
─¿Cuánto tardará el proceso?
─Cuatro meses. Dos y medio para la creación del clon y el resto para que madure hasta la edad que usted me sugirió.
─Perfecto. Me sabe mal que no pueda disfrutar de nuevo de la infancia, la juventud y que se tenga conformar con despertarse directamente en la madurez. Desde que se murió que tengo ganas de tenerla de nuevo a mi lado.
─No sufra, la mantendremos sedada durante todo el proceso de crecimiento, aun así será bastante doloroso para ella.
─Una pregunta: ¿Recordará? Quiero decir, ¿conservará la memoria que tenía antes de fallecer?
─Por supuesto. Nuestra empresa es la mejor en el campo de la recuperación y restauración de memoria. Tenemos a los mejores especialistas en ello.
─¡Perfecto!
─No se preocupe, está en buenas manos. Su hermana renacerá tal y como usted la recordaba la última vez que la vio; conservará sus vivencias y su memoria y el afecto que sentía hacia usted. Y, aprovechando la circunstancia, permita que me una a sus sentimientos. Aunque no sea algo normal en mí. Y es que sin duda su caso ha sido único desde que trabajamos en el campo de la clonación. Nunca había visto tanto afán en ningún cliente... Me refiero a que se nota mucho que usted echa de menos a su hermana y sobre todo que la necesita tanto.
─¿Que la necesito? ¡Por supuesto que la necesito tanto! ¡Sobre todo para saber dónde la jodida escondió la llave de la caja fuerte de mi padre en donde está la otra parte de la herencia!

martes, 4 de octubre de 2011

Mesa #07. Viernes 02/04/2008 17:43

─¿Qué vas a tomar?
─Nada.
─¿En serio no quieres merendar nada? Pues yo tengo hambre.
─No, gracias. Yo ya comeré algo más tarde, cuando llegue a casa. 
─Como quieras. Pues lo que te decía: yo siempre pago con tarjeta...
─Huy, quita. ¡Endeudarse! Tú ya sabes que si no puedo comprarme nada no lo hago. Prefiero ahorrar y cuando tenga suficiente pagarlo al contado. Fíjate, mi piso lo compré así. Empecé a ahorrar desde los nueve años. Mi madre me lo inculcó. Siempre ha sido una mujer muy lista para esto del los ahorros. Siempre pensando en el futuro. Ya sé que me privé de muchas cosas. Al principio los caramelos, luego libros, peluquería, cine, bailes con las amigas, ropa, comidas, cenas, excursiones, viajes... Pero a cambio aprendí a coser con mi abuela y sus amigas, a escucharlas hablar de cosas de su infancia y la vida en el pueblo. También hacía mucho ejercicio. Venía cada noche a casa de mi madre andando desde el trabajo para no derrochar dinero en el autobús. No veas lo bien que me venía para las piernas. Al final, veinte años después, me compré el piso. Bueno, no el que deseaba porque con la especulación había subido demasiado, pero sí uno que encajase con mi presupuesto; encima me sobró para un catre, un par de armarios, los muebles de la cocina y el comedor. Aún los tengo, 20 años tienen y casi como nuevos.
─Demasiado sacrificio.
─Pero no le debo nada a nadie. Y puedo dormir tranquila.
─Sola.
─¿Qué insinúas? ¡Oye, no me casé porque no quise! Vivir con un hombre para que encima te salga derrochón y tener más gastos; o que se te llene la casa de niños derrochones, de ésos que se encaprichen por un televisor o una consola de esas. ¡La de electricidad que deben de gastar esos trastos! O peor aún, que vengan un día a casa con un perrito o un gatito o un pajarito... ¡Con lo que gastan en comida y bebida esas bestias! Quita, quita. Tú no veas lo feliz que estoy sola con mi viejo transistor y mi estufita de butano.
─¿Y qué vas a hacer estas vacaciones?
─Como siempre. Me voy al pueblo.
─Nosotros nos vamos a París.
─¿París? ¿Y que se os ha perdido en París si en España hay cosas mucho más bonitas? Yo me bajo al pueblo, a la casa que heredé de la abuela, y sólo salgo para ir a la piscina, que es gratis, y para ir a comprar al mercadillo que está todo más barato que en el colmado.
─¿Y cómo bajas? ¿En tren?
─¿En tren? ¡Qué dices, esta carísimo! Bajo en autobús de línea, que ya me cuesta una riñonada; me suele dejar en la entrada de la capital y luego camino poco a poco hasta llegar a mi pueblo. Son sólo veinticinco kilómetros.
─¡Pero debes de acabar agotada si ya de por sí son nueve horas sentada en el bus!
─Por eso ando. yate he dicho lo bien que le sienta la caminata a mis piernas. Pero no te creas, a veces algún vecino me ve por la carretera y me recoge.
─¿Quieres un poco de mi bocadillo? Está buenísimo.
─Huy no, jamón, ya sabes que soy vegetariana. Además, desde que me deshice de todas mis plantas y me monté mi propio huerto en el patio no sabes lo sano y lo barato que como.
─Pues yo te veo muy pálida y delgada.
─Es que no me maquillo como tú, que pareces una pastelería. Además, esas cremas que compras son todas muy caras y no hacen nada salvo sacarte los cuartos. No hay nada mejor que el agua del grifo y un poco de jabón. Por cierto, hablando de agua y jabón. ¿Sabes que el agua de la ducha va muy bien para guardarla y arrojarla al escusado cuando has terminado de hacer tus cosas? Mi madre lo hacía en casa porque nos decía que había mucha sequía y no había que derrochar ni una gota. Pues razón tenía y la de dinero que ahorras con la factura del agua.
─Por cierto, ¿cómo esta tu madre?
─Muy mal la pobre. Creo que de este invierno no pasa. Ya no sale de su habitación, ni para ir al baño. ¡Se ha emperrado en que le pongan pañales! ¡Con lo caros que son y lo que contaminan!
─¿Y por qué no la ingresas en una residencia?
─¿Estas loca? Son carísimas y, total, para lo que le queda a la pobre... Así no me extraña que me veas tan delgada. Si cada noche voy a verla, la levanto, la llevo al baño, le doy la cena, oímos un poco la radio y luego me bajo a mi casa a cenar y prepararme para ir al día siguiente al telar.
─Podrías pillar una chica para que la cuidase, o solicitarla.
─Ni hablar, son todas unas ladronas y unas derrochonas. Estas que vienen de fuera son las peores. Engatusan a las viejas con sus voces melosas y les sacan todo. ¡Hasta los pisos! Con lo que le costó a mi madre echar adelante su casa para que luego venga una india y se la robe. Esa casa es suya y luego me la quedaré yo, como la de mi abuela, que para eso soy la heredera universal. 
─Además de las tiendas de tus tíos y los terrenos de tu abuelo paterno. ¡Menuda suerte la tuya, chica!
─¡Y no te puedes imaginar lo feliz que soy!

lunes, 3 de octubre de 2011

Mesa #10. Jueves 25/02/1999 16:25

—Y bien, ¿qué quiere que haga por usted, jovencita?
—Quiero que seas mi abuela.
—¿Su abuela?
—Si.
—¿Qué sucede, usted no tiene abuelas?

 —No, las dos murieron antes de nacer yo y siempre he sentido envidia de las abuelas de mis  amigas. Creo que tener una daría un poco más de sentido a mi vida.
—¡Estoy perpleja!
—Mira, me da igual que seas una prostituta, que estés muerta de hambre, que ya no se te acerquen ni los viejos porque ya te pesan los años. Te he pagado por esto, así que, por favor, ve cagando hostias al baño, quítate esa ropa que llevas, ponte la que te he traído y cuando salgas aquí y veas a mis amigas sentadas a mi lado acércate, sonríe y alégrate de haber encontrado de sopetón a tu nieta Julia de 17 años. Sabrás hacerlo, ¿no?
—Sí, claro...
—¡Ah! Y sonríe... Y esfuérzate para que yo te sienta como de la familia.

Mesa #07. Martes 13/03/1973 18:00

—Siempre que vienes aquí pides lo mismo.
—Lo sé, hijo, pero es lo que pedía tu hermano. Le gustaba mucho merendar en este sitio.
—Y siempre nos sentamos en la misma mesa.
—Le gustaba mucho también, junto a la ventana, para ver los coches pasar. Le gustaban mucho los coches. Hubiera sido un buen piloto de carreras. Él decía siempre que le gustaría ganar carreras y dejarme la casa llena de trofeos para que estuviera orgullosa de él. 
—¿Hasta cuando vas a estar mortificándote con su muerte? ¿Cuánto hace ya? ¿Treinta? ¿Treinta y cinco años?
—Ese maldito pozo... Ojalá a tu padre no le hubiera dado por construirlo. No se lo perdonaré nunca.
—Mamá, papá no tuvo la culpa. Murió creyéndose el responsable porque tú se lo remarcaste todos los días de su vida. 
—Y era cierto, ¿no? Si no fuera por él, por su imprudencia, Abel no se habría muerto.
—No, te equivocas. Si no fuera porque tú te pasabas todo el día humillándome y comparándome con mi hermano aquella tarde yo no le habría empujado al interior del pozo.