─Feliz cincuenta cumpleaños.
─Muchas gracias.
─¿Te das cuenta?
─¿De qué?
─Que en el año dos mil tendrás cien años.
─Eso si llego.
─Eso seguro que sí.
─¿Y viviremos en la luna?
─Sí, y viajaremos de un lado a otro en nuestro flamante coche volador.
─Y tendremos un robot como criado...
─Cómo nos gusta soñar...
─¿Qué quieres tomar? Hoy es tu día especial, pide lo que quieras. Invito yo.
─Pues me haría ilusión una cosa...
─Dime.
─Nunca he tomado un anís. ¿Puedo?
─Por supuesto. Yo también me pido otro. Luego, si te apetece nos vamos al cine. Han estrenado una nueva versión de Cyrano de Bergerac con José Ferrer.
─Me gusta José Ferrer. ¡Es tan galán!
─¡Camarero! Dos anises, que hoy es el cumpleaños de mi dama.
domingo, 6 de noviembre de 2011
sábado, 5 de noviembre de 2011
Mesa #10. Miércoles 08/03/1972 10:13
─Te lo advertí, te dije que te ibas a asustar mucho. Ahora, agarra bien la taza y tómate toda la tila. ¡No, no le eches azúcar, si no pierde todas sus cualidades! Con cuidado, no derrames nada, lo vas a necesitar... Y haz el favor de dejar de temblequear, estás llamando la atención. Debes recordar que no debes decir nada a nadie acerca de lo que has visto en esta foto, ¿de acuerdo? Me lo has de jurar por lo que más quieras. Aunque, en parte, no te iba a creer nadie. Ah, y cuando salgas de aquí ve a la primera peluquería que encuentres y que te cubran todas esas canas.
Mesa #11. Sábado 15/01/1994 15:43
─Cada vez que vengo aquí recuerdo lo mismo.
─¿Qué recuerda, Sra. Montse?
─El bombardeo.
─¿Vivió la guerra civil?
─Sí, era una niña y tenía nueve años.
─¿Y venía por aquí?
─Corríamos por esa calle en la oscuridad tropezando con gente, pisando cristales y muertos con la única luz de las bombas. Los gritos de histeria y de pánico... y el polvo te aturdían. La gente iba y venía a lo loco. Justo ahí murió una pareja muy joven, quedaron abrazados y reventados por una bomba que cayó en la plaza.
─¿Ahí?
─Sí, justo ahí, hija.
─Abuela.
─Dime.
─¿Qué más pasó?
─Había una señora mayor y enferma que la bajaron con colchón y todo al refugio y creo que de allí ya no salió con vida, pasó un tiempo largo ahí abajo, creo. Cuando nos caían las bombas sobre nuestras cabezas las caras de la gente eran un poema, amargo, demoledor, brutal... En esos instantes eternos cada uno hacía lo que podía. Recuerdo que un chico empezó a gritar y a golpearse la cabeza con una columna. El polvo de las bombas entraba por todas las rendijas y nos ahogábamos literalmente. Yo tuve suerte, al ser la niña de la casa, unos familiares me adoptaron y pasé la guerra en el campo, pero mi hermano la tuvo que pasar aquí. Un día, en medio de un bombardeo, mi padre lo abrazó y le dijo llorando...
─Cuantos años tenía su hermano?
─Creo que cinco.
─¿Cómo siguió el bombardeo?
─Sí, como te decía, mi padre abrazó a mi hermano con toda su alma y llorando le explicó con toda la paciencia del mundo que ya no bajarían más, que si tenían que morir lo harían allí mismo, en casa, o lo que quedaba de ella. Que estaban hartos de correr bajo las bombas. Hubo una semana demencial, bombardearon cada veinte minutos, día y noche. Polvo, ratas, muertos, cristales, ruinas, caos, auténtico horror. Miedo y ganas de que volviera la paz.
─Tranquila, abuela.
─Estoy muy tranquila, porque ya pasó pero, cuando vengo por aquí, me vienen a la cabeza esos recuerdos, aún vivos; como los fantasmas; como si hubiera ocurrido ayer. ¡Dios! Y las sirenas aún las oigo.
─Tranquila, abuela.
─Estoy muy tranquila, ya te lo he dicho...
─Vale, vale.
─Soy más fuerte que tú. ¡Que no te quepa duda!
─De acueerdo.
─Un día, allí en el campo, jugaba con una de mis primas; de repente vimos en el cielo un escuadrón de aviones que volaban alto. Nos los quedamos mirando como unas tontas y a mi prima no se le ocurrió otra cosa que decir: "Esos aviones van a bombardear la ciudad".
─Crueldad infantil.
─Inconsciencia; le salió así, sin más.
─Me quedé muy triste y al rato me olvidé de todo y continué jugando con ella, ¿qué podía hacer? Era sólo una niña. Así era la guerra.
─Traanquiilaa abuela.
─Estoy muy tranquila.
©Juanjo Díaz
─¿Qué recuerda, Sra. Montse?
─El bombardeo.
─¿Vivió la guerra civil?
─Sí, era una niña y tenía nueve años.
─¿Y venía por aquí?
─Corríamos por esa calle en la oscuridad tropezando con gente, pisando cristales y muertos con la única luz de las bombas. Los gritos de histeria y de pánico... y el polvo te aturdían. La gente iba y venía a lo loco. Justo ahí murió una pareja muy joven, quedaron abrazados y reventados por una bomba que cayó en la plaza.
─¿Ahí?
─Sí, justo ahí, hija.
─Abuela.
─Dime.
─¿Qué más pasó?
─Había una señora mayor y enferma que la bajaron con colchón y todo al refugio y creo que de allí ya no salió con vida, pasó un tiempo largo ahí abajo, creo. Cuando nos caían las bombas sobre nuestras cabezas las caras de la gente eran un poema, amargo, demoledor, brutal... En esos instantes eternos cada uno hacía lo que podía. Recuerdo que un chico empezó a gritar y a golpearse la cabeza con una columna. El polvo de las bombas entraba por todas las rendijas y nos ahogábamos literalmente. Yo tuve suerte, al ser la niña de la casa, unos familiares me adoptaron y pasé la guerra en el campo, pero mi hermano la tuvo que pasar aquí. Un día, en medio de un bombardeo, mi padre lo abrazó y le dijo llorando...
─Cuantos años tenía su hermano?
─Creo que cinco.
─¿Cómo siguió el bombardeo?
─Sí, como te decía, mi padre abrazó a mi hermano con toda su alma y llorando le explicó con toda la paciencia del mundo que ya no bajarían más, que si tenían que morir lo harían allí mismo, en casa, o lo que quedaba de ella. Que estaban hartos de correr bajo las bombas. Hubo una semana demencial, bombardearon cada veinte minutos, día y noche. Polvo, ratas, muertos, cristales, ruinas, caos, auténtico horror. Miedo y ganas de que volviera la paz.
─Tranquila, abuela.
─Estoy muy tranquila, porque ya pasó pero, cuando vengo por aquí, me vienen a la cabeza esos recuerdos, aún vivos; como los fantasmas; como si hubiera ocurrido ayer. ¡Dios! Y las sirenas aún las oigo.
─Tranquila, abuela.
─Estoy muy tranquila, ya te lo he dicho...
─Vale, vale.
─Soy más fuerte que tú. ¡Que no te quepa duda!
─De acueerdo.
─Un día, allí en el campo, jugaba con una de mis primas; de repente vimos en el cielo un escuadrón de aviones que volaban alto. Nos los quedamos mirando como unas tontas y a mi prima no se le ocurrió otra cosa que decir: "Esos aviones van a bombardear la ciudad".
─Crueldad infantil.
─Inconsciencia; le salió así, sin más.
─Me quedé muy triste y al rato me olvidé de todo y continué jugando con ella, ¿qué podía hacer? Era sólo una niña. Así era la guerra.
─Traanquiilaa abuela.
─Estoy muy tranquila.
©Juanjo Díaz
viernes, 4 de noviembre de 2011
Mesa #02. Jueves 05/09/1969 22:30
─¿Quién te ha pintaaaoo las ojeeeeeraaaaaas, la fló der lirioooo reaaaaal...?
─Pepi, haga usted el favor.
─¿Perdone? Ah, que les molesto. Ustedes disculparán, es que es la hora de cerrar y yo tengo que pasar el mocho por aquí, que en media hora viene el Anselmo a buscarme y salgo escopeteá.
─Pepi, por favor. Estamos tratando de cerrar un acuerdo importante. Vaya a fregar a la parte de la barra.
─Pero jefe, es que por ahí ya he pasao. Que si usted quiere yo voy y vuelvo a limpiar, pero es que es tontería, que ya le digo que ya hi limpiao.
─Hágalo, por favor.
─Vale, vale, usted manda. Pero a las once si está aquí mi Anselmo y no he terminao yo me voy, ¿¿eh??
─Disculpe, Sr. Cubero. No tenía previsto todo esto.
─No se preocupe. Las mujeres, aun siendo de la limpieza, siempre quieren mandar.
─¿Por qué te han puesto de seeeeeaaaa, ay Campaneraaaaaaa, por qué seraaaaá? ¿Qué tiene la Zarzamoraaa que a todas horas llora que lloraaaaaaaaa, por los riririririrrincoooneeeee? Ella que siempre desía que presumía de que partíaaa los corasoooneeeeee...
─¡PEPI!
─¡DIGA!
─¿No le he dicho que no moleste?
─Hmmm, no. Me ha dicho que me vaya a limpiar a otro lado. De cantar no ha dicho na.
─¡Termine de una vez y váyase! ¡Ya cerraré yo cuando terminemos!
─Perdón que interrumpa pero ahora el que tiene prisa soy yo.
─Sr.Cubero, discúlpeme. Quédese, se lo ruego. No quedan muchas cláusulas por revisar.
─Verá, creo que no me va a interesar mucho hacer negocios con ustedes. No veo claro que esto pueda ser un acuerdo fructífero para mí después de ver lo mucho que influye la señora de la limpieza. Ya hablaremos más adelante, Cortés. Por ahora, dejemos las palabras en el aire. Buenas noches. señora...
─Buenas noches, Sr. Cortés. Y no se enfade usté con el jefe, hombre, que una mijilla de alegría no le viene mal a nadie...
─¡PEPI!
─¡ANSELMO!
─Pepi, haga usted el favor.
─¿Perdone? Ah, que les molesto. Ustedes disculparán, es que es la hora de cerrar y yo tengo que pasar el mocho por aquí, que en media hora viene el Anselmo a buscarme y salgo escopeteá.
─Pepi, por favor. Estamos tratando de cerrar un acuerdo importante. Vaya a fregar a la parte de la barra.
─Pero jefe, es que por ahí ya he pasao. Que si usted quiere yo voy y vuelvo a limpiar, pero es que es tontería, que ya le digo que ya hi limpiao.
─Hágalo, por favor.
─Vale, vale, usted manda. Pero a las once si está aquí mi Anselmo y no he terminao yo me voy, ¿¿eh??
─Disculpe, Sr. Cubero. No tenía previsto todo esto.
─No se preocupe. Las mujeres, aun siendo de la limpieza, siempre quieren mandar.
─¿Por qué te han puesto de seeeeeaaaa, ay Campaneraaaaaaa, por qué seraaaaá? ¿Qué tiene la Zarzamoraaa que a todas horas llora que lloraaaaaaaaa, por los riririririrrincoooneeeee? Ella que siempre desía que presumía de que partíaaa los corasoooneeeeee...
─¡PEPI!
─¡DIGA!
─¿No le he dicho que no moleste?
─Hmmm, no. Me ha dicho que me vaya a limpiar a otro lado. De cantar no ha dicho na.
─¡Termine de una vez y váyase! ¡Ya cerraré yo cuando terminemos!
─Perdón que interrumpa pero ahora el que tiene prisa soy yo.
─Sr.Cubero, discúlpeme. Quédese, se lo ruego. No quedan muchas cláusulas por revisar.
─Verá, creo que no me va a interesar mucho hacer negocios con ustedes. No veo claro que esto pueda ser un acuerdo fructífero para mí después de ver lo mucho que influye la señora de la limpieza. Ya hablaremos más adelante, Cortés. Por ahora, dejemos las palabras en el aire. Buenas noches. señora...
─Buenas noches, Sr. Cortés. Y no se enfade usté con el jefe, hombre, que una mijilla de alegría no le viene mal a nadie...
─¡PEPI!
─¡ANSELMO!
Mesa #07. Miércoles /04/02/2009 10:02
─Y bien, ¿qué tal me veis?
─Pues, la verdad… Perfecto.
─Mejor de lo que esperábamos.
─Sabía que os iba a gustar, aunque la duda siempre está ahí. ¿Cuándo tenéis pensado que haga mi llegada?
─Bueno, en realidad eso es una cosa muy difícil de calcular.
─Quiere decir que hay que preparar el momento... No es algo que queremos que nos sorprenda.
─Tiene que ser muy especial.
─Ah, vale, ya entiendo por dónde vais...
─Gracias. Menos mal.
─¿Os resulta incómodo?
─No, no, en absoluto. Bueno, sí, son cosas tan intimas...
─Y cambiando entonces de tema, ¿a quién de los dos creéis que me pareceré?
─Bueno...
─¿A ti a quién te gustaría parecerte?
─¿A mí? Pues a Marlon Brando en La Ley del Silencio.
─Vaya...
─¿Qué sucede?
─Nada. Bueno, te imaginábamos mucho más...
─¿Modosito?
─Bueno, sí, un poco más.
─Eso no va conmigo. Pero ojo, que quiera parecerme a Marlon Brando en esa película no significa que deseé acabar siendo un proscrito de la ley.
─Ah, menos mal...
─Lo decía por las motos. He decidido que me van a gustar mucho las motos. Eso de quemar el asfalto, sentir el aire en la cara, en el pelo. Por cierto ¿sabéis que voy a ser pelirrojo?
─¡Oh, vaya!
─¡Como mi madre!
─Y quiero que mi moto sea también roja como mi pelo… y muy potente, y muy veloz, y que las nenas se suban a ella y se sientan transportadas en una especie de águila salvaje, libre, y poder recorrer el mundo junto con ellas y conquistar sus corazo...
─¡Hey!, para, para, para el carro jovencito... Antes de todo eso has de nacer, crecer, aprender a caminar e ir a la guardería como el resto de los niños; eso sin olvidarte de llevar pañales, pasar de éstos a ir solito al orinal, dejar el biberón y pasar a la papilla y luego a comer con tenedor y cuchillo.
─E ir al colegio, aprender a leer y escribir, sacar buenas notas, sufrir tus primeras poluciones nocturnas, los desengaños amorosos y trabajar para conseguir tu "águila salvaje" gracias a la ayuda de tu propio y único esfuerzo...
─Oye, ¿qué sucede? No te habrás enfadado con nosotros ¿verdad?
─No… no para nada. Simplemente… que es duro volver a nacer, ¿no es cierto?
─Sí lo es, hijo. Pero es algo maravilloso.
─Pues, la verdad… Perfecto.
─Mejor de lo que esperábamos.
─Sabía que os iba a gustar, aunque la duda siempre está ahí. ¿Cuándo tenéis pensado que haga mi llegada?
─Bueno, en realidad eso es una cosa muy difícil de calcular.
─Quiere decir que hay que preparar el momento... No es algo que queremos que nos sorprenda.
─Tiene que ser muy especial.
─Ah, vale, ya entiendo por dónde vais...
─Gracias. Menos mal.
─¿Os resulta incómodo?
─No, no, en absoluto. Bueno, sí, son cosas tan intimas...
─Y cambiando entonces de tema, ¿a quién de los dos creéis que me pareceré?
─Bueno...
─¿A ti a quién te gustaría parecerte?
─¿A mí? Pues a Marlon Brando en La Ley del Silencio.
─Vaya...
─¿Qué sucede?
─Nada. Bueno, te imaginábamos mucho más...
─¿Modosito?
─Bueno, sí, un poco más.
─Eso no va conmigo. Pero ojo, que quiera parecerme a Marlon Brando en esa película no significa que deseé acabar siendo un proscrito de la ley.
─Ah, menos mal...
─Lo decía por las motos. He decidido que me van a gustar mucho las motos. Eso de quemar el asfalto, sentir el aire en la cara, en el pelo. Por cierto ¿sabéis que voy a ser pelirrojo?
─¡Oh, vaya!
─¡Como mi madre!
─Y quiero que mi moto sea también roja como mi pelo… y muy potente, y muy veloz, y que las nenas se suban a ella y se sientan transportadas en una especie de águila salvaje, libre, y poder recorrer el mundo junto con ellas y conquistar sus corazo...
─¡Hey!, para, para, para el carro jovencito... Antes de todo eso has de nacer, crecer, aprender a caminar e ir a la guardería como el resto de los niños; eso sin olvidarte de llevar pañales, pasar de éstos a ir solito al orinal, dejar el biberón y pasar a la papilla y luego a comer con tenedor y cuchillo.
─E ir al colegio, aprender a leer y escribir, sacar buenas notas, sufrir tus primeras poluciones nocturnas, los desengaños amorosos y trabajar para conseguir tu "águila salvaje" gracias a la ayuda de tu propio y único esfuerzo...
─Oye, ¿qué sucede? No te habrás enfadado con nosotros ¿verdad?
─No… no para nada. Simplemente… que es duro volver a nacer, ¿no es cierto?
─Sí lo es, hijo. Pero es algo maravilloso.
jueves, 3 de noviembre de 2011
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Mesa #07. Jueves 23/11/2006 16:50
─¿Qué te pasa?
─¿Que qué me pasa? ¡Lo mío es un suplicio, un infortunio, una maldición gitana!... Fíjate quienes han ocupado mi mesa.
─¿A ver?... ¡Joder! Ja, ja, ja...
─Eh, ¿qué os sucede? ¿De qué te ríes?
─Mira quiénes han vuelto a ocupar la mesa de este pobre desgraciado.
─Tío, ¡tres veces esta semana!
─Espera que lo adivine... Ja, ja, ja... ¡Me cago en...! Si te han tocado de nuevo las...
─¡... Sí, las puñeteras estatuas humanas! Esos dos putos "aprovechaos" de la avenida que hasta que no les echas pasta no se mueven y no te dicen lo que se quieren tomar.
─¿Que qué me pasa? ¡Lo mío es un suplicio, un infortunio, una maldición gitana!... Fíjate quienes han ocupado mi mesa.
─¿A ver?... ¡Joder! Ja, ja, ja...
─Eh, ¿qué os sucede? ¿De qué te ríes?
─Mira quiénes han vuelto a ocupar la mesa de este pobre desgraciado.
─Tío, ¡tres veces esta semana!
─Espera que lo adivine... Ja, ja, ja... ¡Me cago en...! Si te han tocado de nuevo las...
─¡... Sí, las puñeteras estatuas humanas! Esos dos putos "aprovechaos" de la avenida que hasta que no les echas pasta no se mueven y no te dicen lo que se quieren tomar.
Mesa #10. Viernes 10/09/1999 12:44
─Perdona que haya llegado tarde, pero es que se me ha jodido el coche y, encima, mientras llamaba a la grúa, me han puesto una multa.
─Tranquilo, hace poco que he llegado.
─Vaya... Así que el tardón ibas a ser tú... Menudo desconsiderado. Suerte que te quiero mucho y no te lo tengo en cuenta. ¿Qué estas tomando?
─Un zumo de naranja.
─¡Míralo cómo se cuida! Tú siempre has sido así...
─¿A qué te refieres?
─Ni has fumado, ni bebes, ni trasnochas, sigues una dieta estricta... Tienes dinero, éxito con las mujeres, propiedades, eres inteligente y tienes tu propia empresa. En cambio yo... todo lo contrario. Aunque tampoco me puedo quejar, bueno sí: ¡me quejo porque estoy hasta los cojones de todo! Esta puta vida es un asco. Nada me sale bien, nunca tengo pasta suficiente para gastármela en lo que me apetece; mi mujer una puñetera adicta a los tarots telefónicos. ¿Sabes de cuánto fue la última factura? ¡Seis mil euros! ¡Lo que oyes! Los gemelos, unos inútiles, que encima me han salido delincuentes que se pasan todo el puñetero día en la calle, o bien pintarrajeando las paredes o bien rascándose los huevos o bien arriba y abajo con el maldito monopatín. ¡Un día los vi desde la ventana fumando porros y haciendo botellón! Y esos pelos que me llevan... ¡Rastas los llaman! Nidos de piojos y mierda para mí. Estoy un día por prenderles fuego a la cabeza mientras duermen. La pequeña se me ha ido de "okupa" a una casa llena de vagos como ella que se pasan todo el día haciendo el gilipollas, aprendiendo a caminar con zancos, tocando la flauta, durmiendo en el suelo con perros abandonados y pidiendo dinero delante de los coches cuando el semáforo se les pone en rojo... Tiene suerte de que aún no me la encontrado porque te juro que si la veo aprieto el acelerador y me la llevo por delante. Ah, eso sí, si tiene problemas viene a casa a que le llenemos el buche o le lavemos la ropa... ¡Encima a veces me trae a unos cuantos de su tribu para que los alimente! Para colmo no me dejaron dormir la siesta por culpa de tener que oír sus putos discursos anarquistas. Por otro lado, el mayor se me echa una novia; una puta, gorda y sucia como él; se pasan todo el santo día sentados en el sofá de casa, con los pies en la mesa, comiendo toda clase de basuras y viendo películas que se han bajado de internet; desde mi ordenador, en mi tele y en mi propio sofá. La tipa resulta que un día me suelta un desplante porque quiero ver un partido de fútbol y ella un reallity show, le meto un grito y mi hijo se levanta ofendido y me da una patada en los cojones. ¡Lo que oyes! ¡Mi propio hijo! Encima la zorra de su novia se pone a llorar y aparece mi mujer... ¡y la muy cabrona se pone de su parte! En el trabajo... Hace unos seis meses entra un "mierdas" nuevo, un niñato de esos peripuestos y que va de listo. El muy cabrón me roba clientes y luego cuando le canto las cuarenta en la hora del almuerzo me acusa de acoso laboral. Al final presenta un informe desfavorable y acaban echándome de la empresa. Y así estoy ahora, con cincuenta y tres años y apuntado en lista del paro, encima cobrando una limosna. Ahora debo varias pagos de hipoteca y me ya ha llegado la primera carta de desahucio... No, si no me quita la desgracia ni un milagro caído del cielo...
─Me estoy muriendo...
─… Encima ayer por la tarde... ¡me roban la cartera en el metro!
─Me estoy muriendo...
─¿Qué?
─Que me estoy muriendo. Me quedan apenas dos meses de vida. Hace unas semanas, tras un chequeo, me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda. No hay nada que hacer. Mi vida se consume por momentos. En breve ya no podré hacer una vida normal. No sabes cuant...
─¿Ves?... Si ya lo decía yo... ¡Tú siempre has sido un cabrón con muchísima suerte!
─Tranquilo, hace poco que he llegado.
─Vaya... Así que el tardón ibas a ser tú... Menudo desconsiderado. Suerte que te quiero mucho y no te lo tengo en cuenta. ¿Qué estas tomando?
─Un zumo de naranja.
─¡Míralo cómo se cuida! Tú siempre has sido así...
─¿A qué te refieres?
─Ni has fumado, ni bebes, ni trasnochas, sigues una dieta estricta... Tienes dinero, éxito con las mujeres, propiedades, eres inteligente y tienes tu propia empresa. En cambio yo... todo lo contrario. Aunque tampoco me puedo quejar, bueno sí: ¡me quejo porque estoy hasta los cojones de todo! Esta puta vida es un asco. Nada me sale bien, nunca tengo pasta suficiente para gastármela en lo que me apetece; mi mujer una puñetera adicta a los tarots telefónicos. ¿Sabes de cuánto fue la última factura? ¡Seis mil euros! ¡Lo que oyes! Los gemelos, unos inútiles, que encima me han salido delincuentes que se pasan todo el puñetero día en la calle, o bien pintarrajeando las paredes o bien rascándose los huevos o bien arriba y abajo con el maldito monopatín. ¡Un día los vi desde la ventana fumando porros y haciendo botellón! Y esos pelos que me llevan... ¡Rastas los llaman! Nidos de piojos y mierda para mí. Estoy un día por prenderles fuego a la cabeza mientras duermen. La pequeña se me ha ido de "okupa" a una casa llena de vagos como ella que se pasan todo el día haciendo el gilipollas, aprendiendo a caminar con zancos, tocando la flauta, durmiendo en el suelo con perros abandonados y pidiendo dinero delante de los coches cuando el semáforo se les pone en rojo... Tiene suerte de que aún no me la encontrado porque te juro que si la veo aprieto el acelerador y me la llevo por delante. Ah, eso sí, si tiene problemas viene a casa a que le llenemos el buche o le lavemos la ropa... ¡Encima a veces me trae a unos cuantos de su tribu para que los alimente! Para colmo no me dejaron dormir la siesta por culpa de tener que oír sus putos discursos anarquistas. Por otro lado, el mayor se me echa una novia; una puta, gorda y sucia como él; se pasan todo el santo día sentados en el sofá de casa, con los pies en la mesa, comiendo toda clase de basuras y viendo películas que se han bajado de internet; desde mi ordenador, en mi tele y en mi propio sofá. La tipa resulta que un día me suelta un desplante porque quiero ver un partido de fútbol y ella un reallity show, le meto un grito y mi hijo se levanta ofendido y me da una patada en los cojones. ¡Lo que oyes! ¡Mi propio hijo! Encima la zorra de su novia se pone a llorar y aparece mi mujer... ¡y la muy cabrona se pone de su parte! En el trabajo... Hace unos seis meses entra un "mierdas" nuevo, un niñato de esos peripuestos y que va de listo. El muy cabrón me roba clientes y luego cuando le canto las cuarenta en la hora del almuerzo me acusa de acoso laboral. Al final presenta un informe desfavorable y acaban echándome de la empresa. Y así estoy ahora, con cincuenta y tres años y apuntado en lista del paro, encima cobrando una limosna. Ahora debo varias pagos de hipoteca y me ya ha llegado la primera carta de desahucio... No, si no me quita la desgracia ni un milagro caído del cielo...
─Me estoy muriendo...
─… Encima ayer por la tarde... ¡me roban la cartera en el metro!
─Me estoy muriendo...
─¿Qué?
─Que me estoy muriendo. Me quedan apenas dos meses de vida. Hace unas semanas, tras un chequeo, me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda. No hay nada que hacer. Mi vida se consume por momentos. En breve ya no podré hacer una vida normal. No sabes cuant...
─¿Ves?... Si ya lo decía yo... ¡Tú siempre has sido un cabrón con muchísima suerte!
Mesa #10. Lunes 29/03/2010 23:45
─¡Se acerca el camarero! ¿Qué hacemos?
─Disimula. Pide tú primero. Sobre todo habla muy poco; compórtate como un cuerdo y no se dará cuenta que nos hemos escapado del manicomio...
─Lo intentaré.
─Buenas noches. ¿Los señores qué van a tomar?
─Yo un café con leche... y... ¡y una magdalena!
─Café con leche... y una magdalena. Perfecto. ¿Y usted?
─Pues a mí... a mí... a mí me pone un tazón de leche caliente con una cucharada de Adapin, dos de Alprazolam Intensol, un poco de Carbatrol, Effexor y Librium; y luego unas tostadas con un poco de
Mitran pulverizado acompañado de mermelada de Pemolina y Venlafaxina. ¿Te-ha-que-da-do-cla-ro-co-le-gui-ta? Todo sin azúcar. Ah, y no tardes mucho si no quieres que me ponga nervioso.
─Disimula. Pide tú primero. Sobre todo habla muy poco; compórtate como un cuerdo y no se dará cuenta que nos hemos escapado del manicomio...
─Lo intentaré.
─Buenas noches. ¿Los señores qué van a tomar?
─Yo un café con leche... y... ¡y una magdalena!
─Café con leche... y una magdalena. Perfecto. ¿Y usted?
─Pues a mí... a mí... a mí me pone un tazón de leche caliente con una cucharada de Adapin, dos de Alprazolam Intensol, un poco de Carbatrol, Effexor y Librium; y luego unas tostadas con un poco de
Mitran pulverizado acompañado de mermelada de Pemolina y Venlafaxina. ¿Te-ha-que-da-do-cla-ro-co-le-gui-ta? Todo sin azúcar. Ah, y no tardes mucho si no quieres que me ponga nervioso.
martes, 1 de noviembre de 2011
Mesa #07. Viernes 20/06/1997 15:25
─¡Ay!
─¿Qué te ha sucedido?
─¡Algo me ha golpeado la cara!
─¡Pero si yo no he visto nada!
─Perdone, señora, pero he sido yo... Es que la estaba mirando fijamente desde mi mesa cuando, de repente, me ha sorprendido un poderoso eructo al que no he podido controlar y es el que, accidentalmente, ha acabado por estamparse contra su mejilla.
─¿Qué te ha sucedido?
─¡Algo me ha golpeado la cara!
─¡Pero si yo no he visto nada!
─Perdone, señora, pero he sido yo... Es que la estaba mirando fijamente desde mi mesa cuando, de repente, me ha sorprendido un poderoso eructo al que no he podido controlar y es el que, accidentalmente, ha acabado por estamparse contra su mejilla.
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