─¿Lo has notado?
─El qué...
─¿Qué va a ser? ¡El temblor de tierra! ¡Ahora mismo! ¡Si hasta la mesa ha vibrado y el vaso se ha movido de su sitio!
─Yo no he notado nada.
─¡Tu nunca notas nada, te pierdes todo porque no le prestas atención a las cosas que suceden a tu alrededor!
─Habrá sido un camión que ha pasado cerca y te ha parecido a ti que era un terremoto.
─No ha pasado ningún camión.
─Pues un taladro de esos industriales.
─No hay obras alrededor. Además lo habrías oído tú también, ¿no?
─No sé, es posible.
─Ay, me pones nerviosa cuando te entra la vena pasota.
─¿Y qué quieres que te diga? Yo no he notado nada. No me puedo inventar una emoción con algo que no he percibido.
─Señora... Perdone. ¿Usted ha notado el temblor de tierra?
─Pues... no. ¿Ha habido un terremoto?
─¿Ves? Sólo lo has notado tú.
─¡Que no, seguro que en este café lo ha notado alguien más! ¿ALGUNO DE USTEDES HA NOTADO EL TEMBLOR DE TIERRA?
─No.
─¿Temblor de qué?
─Tampoco.
─¿Un terremoto? ¿Aquí?
─¿Qué dice? ¡Está usted loca!
─Yo estaba adormilado, hasta que usted me ha despertado con sus gritos.
─Yo lo único que he percibido son los ronquidos de este señor.
─Si hubiera habido un terremoto lo habría notado, señora, tengo los huesos muy sensibles para estas cosas.
─¡PUES YO LO HE NOTADO!
─¡Oye, no te pongas así! Desde que te conozco no hay día que estés deseosa de vivir nuevas emociones.
─Pero...
─¡Tómate el café con leche y deja ya de hacer el ridículo!
martes, 11 de octubre de 2011
Mesa #07. Jueves 30/06/1994 16:21
─¿Te gusta este local?
─¿Eh?
─¡QUE SI TE GUSTA ESTE LOCAL!
─Ah, sí, muy bonito. Y muy elegante.
─Es muy viejo.
─¿Cómo?
─¡QUE ES MUY VIEJO!
─Ah, vale, pero no tanto como nosotras.
─Yo voy a tomar un té con limón. ¿Tu qué vas a tomar?
─¿Qué?
─¡QUE QUÉ VAS A TOMAR!
─Huy, un té con leche.
─¡Pero si la leche te sienta muy mal, lo tienes terminantemente prohibido por los médicos!
─¿Qué dices?
─¡QUE ME PARECE PERFECTO!¿CON MAGDALENAS O CON BOLLOS?
─¿Eh?
─¡QUE SI TE GUSTA ESTE LOCAL!
─Ah, sí, muy bonito. Y muy elegante.
─Es muy viejo.
─¿Cómo?
─¡QUE ES MUY VIEJO!
─Ah, vale, pero no tanto como nosotras.
─Yo voy a tomar un té con limón. ¿Tu qué vas a tomar?
─¿Qué?
─¡QUE QUÉ VAS A TOMAR!
─Huy, un té con leche.
─¡Pero si la leche te sienta muy mal, lo tienes terminantemente prohibido por los médicos!
─¿Qué dices?
─¡QUE ME PARECE PERFECTO!¿CON MAGDALENAS O CON BOLLOS?
Mesa #13. Lunes 12/09/2016 16:50
—¡Buenos días señores y señoras! ¡Sigan, sigan ustedes con sus meriendas!
—Joer, ya están aquí otra vez...
—"Cual amantes van las olas a besar
las arenas de la playa con fervor,
así van los besos míos a buscar
de la playa de tus labios el calor..."
—Estoy hasta los huevos de tener que aguantar a éstos por culpa de la leche de la crisis. Hace cinco años que rezo para que termine como prometieron.
—"Si del fondo de la mina es el metal,
y del fondo de los mares el coral,
de lo más hondo del alma me brotó
el cariño mío que te tengo yo."
—Espera, que ahora viene lo mejor. No puedo... Si al menos fueran cambiando la canción... Niña, aprovecha para poner cafés a toda pastilla que igual el calentador de leche nos amortigua un poco la tortura. Malditas reinvenciones...
—¡Vamos todos! ¡Esas palmas!
"Enredándose en el viento
van las cintas de mi capa,
y cantando a coro dicen:
quiéreme niña del alma."
—Los mataré. Me dan una grima que no puedo y me organizan una en las mesas que vaya... Resulta que tengo que echar a los que no tienen para comer para que no molesten a los clientes, pero éstos tienen entrada libre y sin consumir. Puff...
—Pues a mí me parece divertido y además animan la cafetería.
—No digas tonterías. Para animar la cafetería ya tenemos al puto gato que se cuela por todas las rendijas. ¿Te has fijado? En la foto que tenemos colgada de la reforma en el 64 también aparece, bajo la silla de la derecha, un gato exactamente igual. Qué casualidad...
—"Son las cintas de mi capa,
de mi capa estudiantil,
y un repique de campanas,
y un repique de campanas,
cuando yo te rondo a ti."
¡¡Olé!!
—Gracias señores, ahora la tuna ya se va no sin antes agradecer el donativo que seguro van a dejar en nuestras panderetas para sufragar los gastos de tantas horas de viaje. Gracias, gracias, gracias, que Dios se lo pague bella dama, gracias, gracias, muchas gracias hombretón, está bueno el bocadillo, ¿eh?...
—A ver si acaban la carrera de una vez y ya no los vemos más... ¡La leche!... ¡La leche!... ¡María, la leche que se saleee!
Mesa #08. Domingo 23/10/2061 18:12
—¡Mierda!
—¿Qué pasa?
—Acabo de meter el pie en un cubo de fregar. ¿Qué coño hace esto aquí?
—¡Ay, cuánto lo siento! Es que estaba la mesa libre y había aprovechado para fregar un poco...
—¡Joder, vaya mierda!
—Espera, te traeré un secador... Por favor, sentaos y pedid lo que queráis; invita la casa, faltaría más.
—Joder, qué asco... Gilipollas... Me cago en su pu...
—Bueno, bueno, calma, el hombre te ha pedido perdón. Y nos vamos a tomar algo gratis...
—Claro, como tú no tienes el pie empapado en agua sucia con olor a amoniaco...
—Ten, este secador es bastante potente. Si prefieres hacerlo dentro puedes entrar a la cocina. De verdad, lo siento...
—Pues casi prefiero ir al baño. Tendré que lavar este calcetín porque huele fatal.
—Como quieras. Dentro también tenemos un baño nuestro y tiene banqueta. Estarás más cómodo.
—Vale. Ahora vengo, cariño.
—Aquí te espero.
—¿Qué quieres tomar mientras vuelve?
—Pues... Una caña y algo de picar.
—Perfecto. Paco, por favor, anda, tráete un par de cañas y... unos pinchitos variados. De los de tosta. ¿Te importa que me siente?
—No, claro que no, pero...
—Verás, tengo algo que confesarte. En realidad ese cubo lo he puesto yo ahí para que pasara lo que ha pasado. Realmente he puesto ese maldito cubo ya unas quince veces, pero hasta hoy no ha ocurrido por fin.
—¿Pero qué dices?
—Desde que te vi entrar en el bar la primera vez me pareciste la mujer más sexy que he visto en mi vida. Necesitaba verte a solas, decírtelo.
—Vaya, gracias, pero yo...
—¿Es tu novio? ¿Lo quieres mucho? Anda, te estás poniendo colorada. Estás tan guapa así, con ese rubor...
—Calla, por favor. Sí, es mi novio y claro que lo quiero. Si no no sería mi novio.
—Ya, pero puede que llevéis demasiado tiempo juntos, no sé. Con el tiempo se pierde el amor y queda la rutina. Eres tan preciosa... Te mereces lo mejor. Me gustas tanto que me siento capaz de cualquier cosa por ti...
—No seas exagerado.
—Hasta mataría.
—Vamos, déjalo, que me estás poniendo nerviosa...
—Te amo.
—¡Por favor! Voy a buscar a Charlie.
—¿No lo entiendes? Charlie no va a volver. Está muerto.
Mesa #05. Domingo 15/05/2061 15:43
—Mira, Jon, mira ese tipo que acaba de entrar. Es exactamente igual que el camarero. ¡Un clon!
—No puede ser. Será su hermano gemelo.
—Pero es que es idéntico, idéntico... Yo creo que es un clon.
—No seas fantasiosa. Seguro que es su gemelo. Los clones son ilegales; si fuera un clon estaría escondido y saldría sólo cuando el camarero no estuviera.
—Pues eso mismo debe de pensar el camarero por la cara de pánico que se le ha puesto. Si fuera su hermano gemelo se habrían saludado tan campantes, ¿no crees?
—¡Es cierto! Acaba de meterse dentro. Es su clon y lo sabe. ¡Se conocen! Siempre pensé que era mentira que lo hubieran logrado.
—Está entrando dentro. Mira, esa mujer le ha confundido con el camarero y le pide la cuenta. ¡Es increíble, ha puesto el mismo gesto ese tan suyo! Sin embargo, es como si fuera... más mayor, ¿no? Cariño, vigila. Voy a meterme ahí dentro.
—¿Pero qué dices? ¡Estate quieta! ¡Silvia!
—Disculpe, señor. Veo que usted también lo ha visto. ¿Puedo sentarme aquí?
—Pues... Pues no sé, siéntese si quiere pero no me moleste, por favor.
—Le puedo ayudar.
—¿A qué? Mi chica se ha metido ahí adentro... ¡Está loca!
—No se preocupe. No le harán nada.
—¿Ah, no? ¿Y cómo lo sabe?
—Porque yo he venido con el hombre que acaba de entrar. Yo... Yo soy el responsable de lo que ustedes acaban de ver.
—¿Cómo?
—Sí. Ha sido un poco arriesgado venir, pero necesitábamos que los clones hablaran. El camarero es realmente el clon; el otro hombre es el origen, pero tiene un problema... de salud. De modo que necesitamos al clon para hacer un trasplante de médula antes de que desarrolle la enfermedad; algo que sospechamos que va a ocurrir, desgraciadamente. Sin embargo, uno de los objetivos es precisamente comprobar si el cáncer se reproduce del mismo modo o hay algún desencadenante que dependa del azar.
—Estoy alucinando. Tiene que ser eso, esta cerveza contiene alucinógenos o algo así. Usted no existe. Estoy aquí hablando solo y Silvia está en el baño.
—No se frote los ojos. Se los irritará. No, no está usted alucinando ni soñando ni nada parecido. Esto es la vida real, se lo juro. Quizá a ustedes les interesaría estar mejor informados y... puede que participar en nuestro proyecto.
—¿Qué proyecto?
—Investigamos el desarrollo del ser humano en relación con el entorno, principalmente en lo relativo a las enfermedades y al carácter, a la forma de ser de las personas. Son nuestras dos ramas de investigación.
—¿Me habla usted en serio?
—Totalmente en serio.
—¿Y han averiguado algo hasta el momento?
—Evidentemente sí. En lo relativo a las enfermedades, hay muchas que dependen exclusivamente del entorno, incluso del azar. Otras son inevitables. Y, en cuanto al carácter, es completamente imprevisible.
—¿En serio? ¿Quiere decir que un clon puede ser totalmente distinto que su... cómo lo ha llamado, origen?
—Veo que usted es una persona inteligente. La inteligencia, por ejemplo, no varía. Siempre es la misma y se desarrolla exactamente igual. Clones iguales poseen el mismo cociente intelectual, aunque puedan ser alegres, melancólicos, iracundos, serios, cómicos...
—Empiezo a estar interesado. ¿Quiere decir que podrían, por ejemplo, clonar a Silvia, y saldría una mujer idéntica pero con otro carácter diferente?
—Exactamente.
—Joder, pues haberlo dicho. Me interesa este experimento, pero clonando a Silvia. Me enamoré de ella porque estaba buenísima, pero la verdad es que es un poco gilipollas.
Mesa #10. Martes 08/08/1978 16:15
─¿Quieres hacer el favor de dejar de acariciarme las piernas con los pies?
─¡Pero si yo no te estoy tocando la piernas!
─¿Entonces?... ¡Aaaay! ¡Oyyyyyy! ¡Un gaaaaato! ¿Quién ha dejado entrar un gato en el local con la manía que les teeeeeengo?
─¡Pero si yo no te estoy tocando la piernas!
─¿Entonces?... ¡Aaaay! ¡Oyyyyyy! ¡Un gaaaaato! ¿Quién ha dejado entrar un gato en el local con la manía que les teeeeeengo?
Mesa #11. Miércoles 27/01/2010 11:22
─¡Hombre! ¿Pedro?
─Sí, aún me llamo así.
─¿¡Qué tal!? ¡Cuánto tiempo!
─Casi treinta años.
─¿Quieres decir que ya han pasado treinta años?
─Sí.
─¡La hostia!
─¿Oiga! ¡eh! Un tequila, ¿y un...?
─Un café.
─Un café para mi buen amigo Pedro. Bueno, ¡y qué haces?
─Trato de cazar una mosca.
─¿?
─Sí, mi vida ahora se reduce a eso.
─Vaya... ¿Y continúas dándole a la guitarra?
─No, ya te lo he dicho, trato de cazar una mosca.
─Ah...
─Me hace muy feliz haberte encontrado, viéndote me vienen a mi cabeza aquellos días de locura, sexo y drogas, sí.
─Pues a mi no.
─¿No recuerdas nada?
─Claro que lo recuerdo... pero necesito explicarte lo de la mosca.
─¿La mosca?
─Tengo que explicártelo, es así.
─Vale, pues... empieza, va.
─Un día fui al INEM y me dieron curro, trabajo, felicidad, futuro, vida, dedicación; increíble, fue increíble.
─¿Conseguiste trabajo, Pedro? ¡Me alegro, qué fantástico en los tiempos que corren! ¿Y qué curro es? ¿De qué va?
─Soy saludador.
─¿Salu... qué?
─Sa-lu-da-dor.
─No sabía que hubiera una profesión así.
─Pues sí. Continúo. Me enviaron a una multinacional de telecomunicación y en el departamento de recursos humanos me dijeron ─textual ¿eh?─: "Usted debe saludar, necesitamos a alguien positivo que sencillamente se pasee por la sección y salude a los tecnócratas. Es así de simple su cometido, cobrará setecientos treinta y tres euros limpios con las pagas prorrateadas... y esta tarde empieza". Y empecé. Saludé a todo bicho viviente que se me cruzó. Durante días hice señas positivas a gente gris con la mirada de cristal, y nadie, nadie me dirigió la palabra, nada. Volví a recursos humanos y les expliqué que mi cometido no tenía sentido de ninguna clase. Ellos insistieron para que continuara, me hicieron ver que era positivo para la multinacional. Yo me esforcé hasta que un día un informático me habló.
─¿Ah, sí? ¿Y qué te dijo?
─Me miró a los ojos fríamente y balbuceando con su chicle me advirtió: “Cada vez que te veo así de guays me vienen ganas de hostiarte, comienzo a estar hasta los cojones de tu positividad, la próxima vez que me saludes, te partiré la cara.”
─Joder Pedro, ¿y qué pasó?
─Me partió la cara, ¿no lo ves?
─Joder.
─Es broma...
─Ya decía yo.
─¿Sabes? Saludar raya, créeme; yo saludo a discreción, voy por la calle y saludo, saludo, saludo... ¡Hola! ¡Buenos días! ¡Heeeyyy, qué pasa! ¿Todo bien? ¿Hace calor "verdá"? ¡Bay! ¡Hola de nuevooo! ¡Te vi el otro día! ¡De naadaa! ¿Fuego? ¡Guaapaa! ¡Eeoo! ¡Sí, muy bueno, adeu! ¡Hola otra vez! ¿Llueve? ¿Frío? ¿Calor? ¿Merengón? ¿Culé? ¿No jodas? ¡Que jodas biiiieeen! ¡De naadaa!... ¿Te gusta?
─¿Eso último es un saludo?
─No, eso es una pregunta.
─Es un trabajo ¿no?
─Te seré sincero. Un día, no sé si por culpa del estrés, vi una mosca grandiosa en la lámpara de mi habitáculo. Entre ese insecto díptero y yo se inició una guerra controlada que duró tiempo, mucho tiempo. Hasta que caí en la cuenta de que era Navidad.
─Navidad.
─Sí, Navidad.
─Y... ¿qué tiene que ver la Navidad con la mosca, Pedro?
─Pues muy fácil: en Navidad no hay moscas.
─Tienes razón.
─Volví a recursos humanos y les expuse mi problema con la mosca. Ellos me tranquilizaron y al cabo de unos días me citaron en un antideportivo de Cornellá. Y cuando entramos en la pista de "basket" vi a mucha gente con matamoscas persiguiendo a sus insectos ingrávidos... Eso me tranquilizó. Créeme, cada individuo iba a por la suya, sí; cazaban moscas; el caos de los cazadores era incluso poético, silencioso, cáustico. Y los psicólogos, con su sonrisa bondadosa, me invitaron a entrar ahí y después me dieron un matamoscas, ánimos y me dijeron: "Adelante, sabemos lo radical y duro que es tú trabajo. Para que lo logres, para que superes tu fobia, deberás hacer como ellos, deberás de cazar a tu mosca. ¡Adelante, duro con ella!"...
─¿¡Eh!?... ¿Eh?... ¿Y... cómo va la caza?
─Me aplico, haré lo que sea, debo cazarla.
─Qué fuerte... Oye.
─Dime.
─¿Estás seguro de que sólo es una?
─Hombre, ahora que lo dices...
─Y... ¿No te has planteado saludarla antes de empezar?
─¿Saludar a la mosca?
─Sí.
─Pues, eso sería un acto de cortesía, creo.
─Haríais como los samuráis.
─Un auténtico acto de educación budista.
─Recuerdo un capítulo de la Pantera Rosa en que luchaba con un mosquito, pero no sé si antes se saludaban.
─Me has dado una idea, Juan. Probaré con saludarla.
─Todo es probar, arriesgarse, trazar soluciones alternativas.
─No te muevas.
─¿Qué ocurre?
─La veo ahí.
─¿Dónde?
─Mira hacia otro lugar, por favor. Piensa que su vista es múltiple. ¡No mires, por Dios...! La saludaré y estamparé el matamoscas en su trompa nanobífida y después la mataré, la diseccionaré y me la comeré. Gracias por la sugerencia, Juan. ¡¡Zzzzaaaaaaaaaaaiiiiiiiiiiiiiiiiii!!
©Juanjo Diaz
─Sí, aún me llamo así.
─¿¡Qué tal!? ¡Cuánto tiempo!
─Casi treinta años.
─¿Quieres decir que ya han pasado treinta años?
─Sí.
─¡La hostia!
─¿Oiga! ¡eh! Un tequila, ¿y un...?
─Un café.
─Un café para mi buen amigo Pedro. Bueno, ¡y qué haces?
─Trato de cazar una mosca.
─¿?
─Sí, mi vida ahora se reduce a eso.
─Vaya... ¿Y continúas dándole a la guitarra?
─No, ya te lo he dicho, trato de cazar una mosca.
─Ah...
─Me hace muy feliz haberte encontrado, viéndote me vienen a mi cabeza aquellos días de locura, sexo y drogas, sí.
─Pues a mi no.
─¿No recuerdas nada?
─Claro que lo recuerdo... pero necesito explicarte lo de la mosca.
─¿La mosca?
─Tengo que explicártelo, es así.
─Vale, pues... empieza, va.
─Un día fui al INEM y me dieron curro, trabajo, felicidad, futuro, vida, dedicación; increíble, fue increíble.
─¿Conseguiste trabajo, Pedro? ¡Me alegro, qué fantástico en los tiempos que corren! ¿Y qué curro es? ¿De qué va?
─Soy saludador.
─¿Salu... qué?
─Sa-lu-da-dor.
─No sabía que hubiera una profesión así.
─Pues sí. Continúo. Me enviaron a una multinacional de telecomunicación y en el departamento de recursos humanos me dijeron ─textual ¿eh?─: "Usted debe saludar, necesitamos a alguien positivo que sencillamente se pasee por la sección y salude a los tecnócratas. Es así de simple su cometido, cobrará setecientos treinta y tres euros limpios con las pagas prorrateadas... y esta tarde empieza". Y empecé. Saludé a todo bicho viviente que se me cruzó. Durante días hice señas positivas a gente gris con la mirada de cristal, y nadie, nadie me dirigió la palabra, nada. Volví a recursos humanos y les expliqué que mi cometido no tenía sentido de ninguna clase. Ellos insistieron para que continuara, me hicieron ver que era positivo para la multinacional. Yo me esforcé hasta que un día un informático me habló.
─¿Ah, sí? ¿Y qué te dijo?
─Me miró a los ojos fríamente y balbuceando con su chicle me advirtió: “Cada vez que te veo así de guays me vienen ganas de hostiarte, comienzo a estar hasta los cojones de tu positividad, la próxima vez que me saludes, te partiré la cara.”
─Joder Pedro, ¿y qué pasó?
─Me partió la cara, ¿no lo ves?
─Joder.
─Es broma...
─Ya decía yo.
─¿Sabes? Saludar raya, créeme; yo saludo a discreción, voy por la calle y saludo, saludo, saludo... ¡Hola! ¡Buenos días! ¡Heeeyyy, qué pasa! ¿Todo bien? ¿Hace calor "verdá"? ¡Bay! ¡Hola de nuevooo! ¡Te vi el otro día! ¡De naadaa! ¿Fuego? ¡Guaapaa! ¡Eeoo! ¡Sí, muy bueno, adeu! ¡Hola otra vez! ¿Llueve? ¿Frío? ¿Calor? ¿Merengón? ¿Culé? ¿No jodas? ¡Que jodas biiiieeen! ¡De naadaa!... ¿Te gusta?
─¿Eso último es un saludo?
─No, eso es una pregunta.
─Es un trabajo ¿no?
─Te seré sincero. Un día, no sé si por culpa del estrés, vi una mosca grandiosa en la lámpara de mi habitáculo. Entre ese insecto díptero y yo se inició una guerra controlada que duró tiempo, mucho tiempo. Hasta que caí en la cuenta de que era Navidad.
─Navidad.
─Sí, Navidad.
─Y... ¿qué tiene que ver la Navidad con la mosca, Pedro?
─Pues muy fácil: en Navidad no hay moscas.
─Tienes razón.
─Volví a recursos humanos y les expuse mi problema con la mosca. Ellos me tranquilizaron y al cabo de unos días me citaron en un antideportivo de Cornellá. Y cuando entramos en la pista de "basket" vi a mucha gente con matamoscas persiguiendo a sus insectos ingrávidos... Eso me tranquilizó. Créeme, cada individuo iba a por la suya, sí; cazaban moscas; el caos de los cazadores era incluso poético, silencioso, cáustico. Y los psicólogos, con su sonrisa bondadosa, me invitaron a entrar ahí y después me dieron un matamoscas, ánimos y me dijeron: "Adelante, sabemos lo radical y duro que es tú trabajo. Para que lo logres, para que superes tu fobia, deberás hacer como ellos, deberás de cazar a tu mosca. ¡Adelante, duro con ella!"...
─¿¡Eh!?... ¿Eh?... ¿Y... cómo va la caza?
─Me aplico, haré lo que sea, debo cazarla.
─Qué fuerte... Oye.
─Dime.
─¿Estás seguro de que sólo es una?
─Hombre, ahora que lo dices...
─Y... ¿No te has planteado saludarla antes de empezar?
─¿Saludar a la mosca?
─Sí.
─Pues, eso sería un acto de cortesía, creo.
─Haríais como los samuráis.
─Un auténtico acto de educación budista.
─Recuerdo un capítulo de la Pantera Rosa en que luchaba con un mosquito, pero no sé si antes se saludaban.
─Me has dado una idea, Juan. Probaré con saludarla.
─Todo es probar, arriesgarse, trazar soluciones alternativas.
─No te muevas.
─¿Qué ocurre?
─La veo ahí.
─¿Dónde?
─Mira hacia otro lugar, por favor. Piensa que su vista es múltiple. ¡No mires, por Dios...! La saludaré y estamparé el matamoscas en su trompa nanobífida y después la mataré, la diseccionaré y me la comeré. Gracias por la sugerencia, Juan. ¡¡Zzzzaaaaaaaaaaaiiiiiiiiiiiiiiiiii!!
©Juanjo Diaz
lunes, 10 de octubre de 2011
Mesa #06. Domingo 07/03/1993 11:23
─ ¡Paparruchas!
─ No.
─ ¡Paparruchas!
─ Que no, en sério.
─ ¡Paparruchas!
─ Que te digo que no puede ser.
─ ¡Paparruchas!
─ ¡Que no cabe, coño! Mira: seis vertical, diez letras, y además empieza por 'M' ¿lo ves?
─ ¡Bueh! ... Majaderías.
─ No.
─ ¡Paparruchas!
─ Que no, en sério.
─ ¡Paparruchas!
─ Que te digo que no puede ser.
─ ¡Paparruchas!
─ ¡Que no cabe, coño! Mira: seis vertical, diez letras, y además empieza por 'M' ¿lo ves?
─ ¡Bueh! ... Majaderías.
Mesa #10. Sábado 26/09/2009 18:12
─Anakin Skywalker es un idiota. Es un personaje odioso, flojo, nada con lo que podíamos intuir en el episodio IV.
─Es cierto. Yo me lo imaginaba como una versión de Luke Skywalker mejorada, un personaje mucho más adulto, más heroico y con mucho más carisma.
─Papá.
─Y nos lo presentan así, un tipo lleno de dudas que se enamora de sopetón sin la más mínima gracia. Porque no me dirás que la historia de amor de Anakin y Padme es creíble.
─En absoluto. Para historia de amor la de Leia y Han Solo. Si no hay más que verlos. Saltan chispas entre ellos.
─Papáaaaaa...
─¿Y qué me dices de El Retorno del Jedi? Sin duda la peor de todas.
─Sólo hubiera faltado Jar Jar Binks para acabar de joderla.
─Papáaaaaaaaaa...
─Yo la habría hecho de otra forma. Habría mantenido el rescate del palacio de Jabba...
─Te das cuenta que tonto es Darth Vader y el imperio en esa película. Si saben que Luke y Leia van a rescatar a Han Solo, ¿por qué no esperan a que Luke entre en el palacio para capturarlo allí?
─Ésa es una. La otra es que sobra la segunda Estrella de la Muerte. Debería haber terminado en Coruscant, luchando Luke, Vader y el Emperador a tres bandas en una batalla que ríete de la de Anakin contra Obi Wan, o la de Sidius en el senado con Yoda. Por cierto, ¿por qué Palpatine envejece como una pasa cuando le rebotan sus rayos y a Luke eso no le sucede?
─No sé, ¿debe ser porque está muy viejo?
─PAPÁAAAAAAAAAAA...
─¡QUE PASA NIÑO! ¿POR QUÉ NOS INTERRUMPES?
─¡Ahora ya nadaaaaa! ¡Ya me he hecho pipí y caaaaaaacaaaa!
─Es cierto. Yo me lo imaginaba como una versión de Luke Skywalker mejorada, un personaje mucho más adulto, más heroico y con mucho más carisma.
─Papá.
─Y nos lo presentan así, un tipo lleno de dudas que se enamora de sopetón sin la más mínima gracia. Porque no me dirás que la historia de amor de Anakin y Padme es creíble.
─En absoluto. Para historia de amor la de Leia y Han Solo. Si no hay más que verlos. Saltan chispas entre ellos.
─Papáaaaaa...
─¿Y qué me dices de El Retorno del Jedi? Sin duda la peor de todas.
─Sólo hubiera faltado Jar Jar Binks para acabar de joderla.
─Papáaaaaaaaaa...
─Yo la habría hecho de otra forma. Habría mantenido el rescate del palacio de Jabba...
─Te das cuenta que tonto es Darth Vader y el imperio en esa película. Si saben que Luke y Leia van a rescatar a Han Solo, ¿por qué no esperan a que Luke entre en el palacio para capturarlo allí?
─Ésa es una. La otra es que sobra la segunda Estrella de la Muerte. Debería haber terminado en Coruscant, luchando Luke, Vader y el Emperador a tres bandas en una batalla que ríete de la de Anakin contra Obi Wan, o la de Sidius en el senado con Yoda. Por cierto, ¿por qué Palpatine envejece como una pasa cuando le rebotan sus rayos y a Luke eso no le sucede?
─No sé, ¿debe ser porque está muy viejo?
─PAPÁAAAAAAAAAAA...
─¡QUE PASA NIÑO! ¿POR QUÉ NOS INTERRUMPES?
─¡Ahora ya nadaaaaa! ¡Ya me he hecho pipí y caaaaaaacaaaa!
domingo, 9 de octubre de 2011
Mesa #07. Sábado 27/06/1998 16:21
─¿Y qué me has dicho que eres?
─Un Egregor.
─Un Egregor... ¿Y eso qué es?
─Verás, soy una energía astral, un ente creado por un mago, hechicero o brujo cuya misión es ayudar o enturbiar la vida de los seres vivos.
─Y en mi caso es...
─Enturbiar.
─¿Por qué?
─¿Recuerdas a un tal Jose Javier? Un chico con el que estuviste saliendo durante...
─Seis años... Sí, quién lo iba a olvidar...
─Pues él es el responsable de que, hasta el día de hoy, esté aquí atormentándote.
─Ya.
─¿No te lo crees?
─No. Bueno, tal vez, de Jose Javier puedo pensar cualquier cosa, incluso de su madre...
─Pues piensa, ella fue la que pagó el conjuro.
─Hija de puta...
─Mal bicho, sí.
─¿Y en qué consiste tu trabajo si se puede saber?
─Pues en concreto en hacerte la vida imposible; no sólo a ti, sino a los de tu entorno para que se alejen de tu lado y te quedes más sola que la una...
─Muy bonito...
─Además debo alimentarme de tu energía vital para, de esta forma, reforzarme y de paso consumirte hasta hacerte morir. Ya te puedes imaginar entonces el porqué de esos intensos dolores de cabeza, la halitosis, las diarreas ácidas o los pinchazos inesperados por toda la espalda.
─¿Y las caídas por las escaleras?
─Sí, también. Son mi especialidad. Lamento mucho que aquella mañana te rompieras las piernas y tres costillas y te quedases sin trabajo porque no pudieras llegar a la entrevista... No sé si lo sabías, pero aquel era un muy buen trabajo para tu carrera, excepcional, muy bien pagado.
─Que lo lamentas... ¿ME DICES QUE LO LAMENTAS?
─¡Cálmate, no hace falta que llames tanto la atención!
─¿Ahora me pides que me calme? ¡Habrase visto semejante caradura! Por tu culpa me he pasado un año en un hospital, he pillado tres neumonías, una pulmonía doble, una ciática, dos infecciones de orina, una bonita colección de piedras en los riñones que ya más quisiera un museo de paleontología para su colección; sin olvidarnos del horrible e incontrolable ataque de vómitos en mitad del banquete de boda de mi mejor amiga.
─Te olvidas de las pesadillas...
─No me lo recuerdes. Un mes entero sufriendo espantosas pesadillas todas ellas protagonizadas por pirañas con un hambre endemoniada. ¡Ah, y no te olvides de la vez que casi muero electrocutada dentro de la bañera!
─Oye, con eso último yo no tuve nada que ver. Te dejaste el depilador eléctrico enchufado encima del respaldo mientras tratabas de buscar una toalla porque te había entrado jabón en los ojos.
─¡Me había quedado dormida porque tu me habías dejado sin energía en lo que llevaba de día!
─Bueno, sí, es cierto. Entonces fue culpa mía...
─¿Y ahora te apareces ante mí para qué? ¿Para regocijarte?
─No, no es mi intención. En absoluto. Verás, déjame que te explique. Durante este periodo de tiempo que hemos estado juntos ha sucedido algo, una cosa que no esperaba ni pretendía que fuera a suceder y tenía que decírtelo. Verás... Estoy locamente enamorado de ti.
─Un Egregor.
─Un Egregor... ¿Y eso qué es?
─Verás, soy una energía astral, un ente creado por un mago, hechicero o brujo cuya misión es ayudar o enturbiar la vida de los seres vivos.
─Y en mi caso es...
─Enturbiar.
─¿Por qué?
─¿Recuerdas a un tal Jose Javier? Un chico con el que estuviste saliendo durante...
─Seis años... Sí, quién lo iba a olvidar...
─Pues él es el responsable de que, hasta el día de hoy, esté aquí atormentándote.
─Ya.
─¿No te lo crees?
─No. Bueno, tal vez, de Jose Javier puedo pensar cualquier cosa, incluso de su madre...
─Pues piensa, ella fue la que pagó el conjuro.
─Hija de puta...
─Mal bicho, sí.
─¿Y en qué consiste tu trabajo si se puede saber?
─Pues en concreto en hacerte la vida imposible; no sólo a ti, sino a los de tu entorno para que se alejen de tu lado y te quedes más sola que la una...
─Muy bonito...
─Además debo alimentarme de tu energía vital para, de esta forma, reforzarme y de paso consumirte hasta hacerte morir. Ya te puedes imaginar entonces el porqué de esos intensos dolores de cabeza, la halitosis, las diarreas ácidas o los pinchazos inesperados por toda la espalda.
─¿Y las caídas por las escaleras?
─Sí, también. Son mi especialidad. Lamento mucho que aquella mañana te rompieras las piernas y tres costillas y te quedases sin trabajo porque no pudieras llegar a la entrevista... No sé si lo sabías, pero aquel era un muy buen trabajo para tu carrera, excepcional, muy bien pagado.
─Que lo lamentas... ¿ME DICES QUE LO LAMENTAS?
─¡Cálmate, no hace falta que llames tanto la atención!
─¿Ahora me pides que me calme? ¡Habrase visto semejante caradura! Por tu culpa me he pasado un año en un hospital, he pillado tres neumonías, una pulmonía doble, una ciática, dos infecciones de orina, una bonita colección de piedras en los riñones que ya más quisiera un museo de paleontología para su colección; sin olvidarnos del horrible e incontrolable ataque de vómitos en mitad del banquete de boda de mi mejor amiga.
─Te olvidas de las pesadillas...
─No me lo recuerdes. Un mes entero sufriendo espantosas pesadillas todas ellas protagonizadas por pirañas con un hambre endemoniada. ¡Ah, y no te olvides de la vez que casi muero electrocutada dentro de la bañera!
─Oye, con eso último yo no tuve nada que ver. Te dejaste el depilador eléctrico enchufado encima del respaldo mientras tratabas de buscar una toalla porque te había entrado jabón en los ojos.
─¡Me había quedado dormida porque tu me habías dejado sin energía en lo que llevaba de día!
─Bueno, sí, es cierto. Entonces fue culpa mía...
─¿Y ahora te apareces ante mí para qué? ¿Para regocijarte?
─No, no es mi intención. En absoluto. Verás, déjame que te explique. Durante este periodo de tiempo que hemos estado juntos ha sucedido algo, una cosa que no esperaba ni pretendía que fuera a suceder y tenía que decírtelo. Verás... Estoy locamente enamorado de ti.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)