─Así que quiere ser actriz.
─ Sí, he soñado con esto toda mi vida por eso he dejado el pueblo y me he venido a la gran ciudad para hacer una carrera en el mundo del espectáculo.
─Perfecto. ¿Y ha actuado con anterioridad?
─Bueno, sí, pero de pastorcilla en el belén viviente. No decía nada, sólo llevaba una oveja en los hombros. La muy marrana no hacía más que hacerse pis y caca encima de mí. Acabé dejándolo. No sé si le sirve pero también he trabajado en un bingo. Pero nunca cantando números, sólo repartiendo cartones. Muchos clientes me tenían de amuleto porque solía repartir mucha suerte. El problema es que las compañeras estaban llenas de celos y me hicieron la vida imposible. Al final me metieron en un lío y acabaron echándome...
─Vaya, qué lastima.
─¿Y usted es director de cine?
─Bueno, yo soy productor.
─¿Y eso qué es?
─Digamos que yo consigo las cosas que necesita el director para hacer una película.
─Vaya. ¡Entonces usted es muy importante!
─Lo soy.
─Qué suerte la mía. ¿Y usted ve que tengo posibilidades para poder triunfar?
─Por supuesto. Es joven, muy atractiva, con unos ojos preciosos...
─Oh, gracias, son como los de mi abuela.
─¿Sabe bailar?
─Bailar cómo... ¿Se refiere agarrado?
─No, baile moderno, como se hace ahora en las Boites.
─Bueno, sí, no se me da malamente. Aunque voy muy poco a esos sitios. Bueno, sólo he estado en una y había mucho ruido y no se podía hablar.
─No se preocupe.
─Oiga, ¿la película es un musical? Huy, a mí me encantan los musicales. He visto Siete Novias para Siete Hermanos unas seis veces...
─No, no se trata de un musical, pero sí hay escenas con baile.
─Ah, vaya... ¿Y en qué iba a consistir mi papel?
─Bueno, sería la mejor amiga de la protagonista. Las dos trabajan y viven juntas en un piso del centro.
─¿De qué trabajan?
─Son bailarinas.
─¿De ballet?
─No, algo así como las "gogós".
─¿Qué es eso?
─Unas bailarinas modernas como las de Londres...
─Ah...
─Su amiga tiene un novio, un galán, que la quiere mucho, pero que es un poco golfo.
─Como la mayoría de los chicos.
─Sólo los de ciudad.
─Qué se piensa... Los de campo también. Se lo digo yo que me he tenido que quitar a más de uno de encima.
─Bueno, pues el novio de su amiga, como ella no le hace mucho caso, se acaba fijando en su personaje, que es una chica mucho más liberal.
─¿Qué es eso de liberal?
─Más lanzada, sin reparos.
─Ah...
─Así que se acaba acostando con usted...
─¿Qué? ¿Acostando conmigo? ¡Oiga usted, a ver si se piensa que yo soy una pelandusca!
─¡Shhhhhhhhhh!... ¡No hace falta que grite! Eso sólo sucede en la película, no en la vida real...
─Ah, menos mal... ¡Porque yo quiero ser actriz, no una cualquiera!
─Bueno... Déjeme que le cuente. Él se acaba enamorando perdidamente de usted y un día su amiga los descubre en la cama, desnudos, haciendo el amor...
─¿Desnudos?¿Él y yo?
─Sí, claro. Es una película de destape que es lo que se vende ahora... Además usted tiene unos pechos muy bonitos...
─¡Pero será posible semejante insolente!
─Oiga... ¡Ayyyy...!
─¡Guarro! ¡Pervertido! ¡Degenerado!
─¡Pero déjeme ya de arrearme, caray...!
─¡Sucio! ¡Depravado!...
─¡Basta! Vamos a ver, usted me ha dicho que quiere ser actriz, ¿sí o no?
─Sí, pero...
─¡Pues sepa que tal y como está el panorama cinematográfico en este país, ahora, en estos instantes, si usted quiere trabajar delante de una cámara, va a tener que acabar por enseñar mucha carne!
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martes, 25 de octubre de 2011
martes, 18 de octubre de 2011
Mesa #08. Viernes 23/11/1984 10:56
—Es de día, pero hay una luz algo tenue. Quizá el cielo algo nublado. A lo lejos, en un paisaje de zona residencial, al estilo americano, la cámara se centra en una casa y comienza a acercarse lentamente a ella. Cuando empieza a acercarse vemos una figura en la ventana. Como si la cámara también la hubiera visto, comienza a acercarse a ella más rápidamente pero, justo cuando estamos a punto de distinguir la cara, la figura se aparta de la ventana y la cortina cae.
—Me gusta. Escríbelo.
—La cámara se detiene como si se hubiera quedado sin cometido. Entonces se escucha un timbre y la cámara desciende hasta la puerta. Hay una mujer. La cámara vuelve a detenerse. La mujer espera, primero se retoca el peinado, después se mira las uñas, los zapatos. Finalmente mira hacia la puerta y vuelve a llamar. Se queda un rato así, mirando a la puerta; después mira hacia fuera, hacia la calle, como si esperara que el dueño de la casa apareciera caminando. Nadie abre.
—Bien. Vas bien. Continúa.
—La mujer se da la vuelta y comienza a andar lentamente. Entonces la cámara empieza a alejar el plano para seguir a la mujer sin perder la casa. La mujer se aleja hacia la derecha; de pronto, en el mismo plano, por la izquierda, aparece un niño en una bicicleta que tropieza un poco antes de la casa y se cae. El golpe atrae a la cámara, que vuelve a acercar el plano hacia el niño, perdiendo a la mujer. Sin embargo, se acerca lo justo para ver la puerta de la casa a la derecha, casi a punto de desaparecer del plano. ¿Sigo?
—Sigue.
—Entonces, aunque el público teóricamente está viendo al niño —que de hecho es el enfocado en primer plano—, por el rabillo del ojo puede ver que la puerta de la casa se abre y sale el tipo con algo borroso en la mano que no se identifica bien.
—¿Qué es?
—Espera, déjame continuar. A partir de ahí el hombre desaparece del plano y el niño está sufriendo el ciclo de la caída: llora, se mira la rodilla, se levanta, coloca la bicicleta... Entonces se escucha un grito agudo y un disparo. La cámara parece tan sorprendida como nosotros, de modo que gira, curiosa, a toda velocidad hacia la derecha, que es de donde proviene el sonido. A lo lejos, en el suelo, hay un cuerpo desplomado. La cámara se acerca rápidamente y, al llegar, con un agujero en la cabeza y un charco de sangre bajo ella, está nuestra querida protagonista. La cámara se levanta y gira a derecha e izquierda como si buscara al culpable, pero no se ve a nadie.
—Y todos sabemos que ha sido él, el tipo de la ventana.
—Pero no sabemos quién es, recuerda que no hemos llegado a verlo porque se ha apartado de la ventana justo cuando la cámara iba a enfocarlo.
—Me gusta, me gusta.
—Pues ese es el principio. Ahora tengo que pensar en todo lo demás.
—¿Cómo en todo lo demás?
—Sí. Se me ha ocurrido esto esta mañana mientras me lavaba los dientes; ahora tengo que pensar en quién es él, por qué la ha matado, quién va a dar con la solución y cómo, quién es ella, etcétera. En fin, construir toda la historia.
—Pero Juan, eso es empezar por el final...
—Pues no, es justo lo contrario, empezar por el principio. Por el principio de la película...
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