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domingo, 18 de diciembre de 2011

Mesa #09. Jueves 03/11/2011 18:25

─Tú lo has visto, sabes que lo traía conmigo. Lo he dejado aquí, junto a mi, y seguía en este mismo lado de la mesa cuando nos hemos levantado para pagar.
─Chica, no sé, pregúntale al camarero a ver si él lo ha visto y lo ha guardado en algún sitio.
─Ya sabía yo que no debería haberlo sacado de casa. Mira que lo intuía, ¿eh?, pero hacía tanto tiempo que no lo llevaba conmigo que no sé por qué se me ha ocurrido pensar en traérmelo. Con la rabia que me da perder las cosas... Y lo peor ahora no es el hecho de perderlo, que ya es, sino tener que arreglar la documentación y hacer todo ese vía crucis interminable de renovación de papeles. ¡Ag! ¡Qué rabia!
─Hija, no sé, creo que te apegas demasiado a las cosas materiales. A fin de cuentas sólo era un marido más del montón, tan normal y corriente como otro cualquiera. ¿De verdad crees que te será muy difícil encontrar otro de repuesto?

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mesa #14. Viernes 07/03/2010 20:19

─Tienes un olor, no sé, como si hubieras ido a una barbacoa; llevas una fetidez a plástico quemado, o más bien a huevos podridos, sí... ¿No te va la ducha?
─Juliana, me parece que nuestra relación va a cambiar.
─¿A qué te refieres?
─Qué este rollo tan "guais" que llevamos no puede continuar. Eso de "tú vives en tu casa y yo en la mía" ya no va a poder ser.
─Pero si mi hijo mayor no te soporta, Pedro.
─Ya lo sé.
─¿Qué te ocurre mi pichín?
─Es por el olor, Juliana.
─Hueles muy mal, es verdá.
─Se ha quemado mi casa.
─¿Cuándo?
─Esta mañana.
─¿Ha habido muertos?
─No, por suerte no.
─¿Qué ha ocurrido?
─Pues estaba concentrado en el facebook cuando empezó a salir humo en cantidades industriales, ¿sabes? Lógicamente abrí las ventanas y salí al jardín con el móvil para llamar a los bomberos.
─¡Madre mía!
─Hasta aquí bien; el problema se complicó con los bomberos.
─¿Ah, sí?
─Me salió una telefonista gilipollas preguntándome: "¿Qué servicio desea: fuego accidental, explosión de gas o la modalidad de catástrofe absoluta?"
─¿Cómo?
─Lo que oyes, querida.
─¿No te preguntó la dirección?
─No, la tía siguió más o menos así: "En la modalidad de fuego accidental le vendrá un señor metrosexual de metro noventa con un jeep, herramientas básicas y una bombona de oxígeno. En la modalidad de explosión de gas le entra el camión con cinco bomberos, la cisterna y la manguera incluida; el agua se paga por litros. Y en la modalidad tres le llegará el pack completo con el helicóptero, la escalera espectacular y la ambulancia uvi...".
─Me estás dejando anonadada.
─Muy asustado le recordé que mi casa se estaba incendiando; a lo que ella, con distancia y simpatía comenzó a facilitarme las tarifas.
─¿Las tarifas?
─Lo que oyes, querida; ella con una profesionalidad fría y distante, me dijo: "Sólo admitimos pago al contado o transferencia bancaria; puede utilizar paypal, visa, mastercard o discover...". Y añadió: "¿Se anima? ¿Quiere probarnos?". Yo le decía gritando: “¡Pero oiga, mi casa arde, ya veo las llamas!”. Volvió a insistir: "¿Acepta? Sólo tiene que darme su número de tarjeta, la fecha de caducidad y el dígito mágico...".
─¿Y qué hiciste?
─Pedí la modalidad uno.
─Ah.
─A los cinco minutos llegó un jeep rojo con una sirena y de dentro salió un bombero energúmeno con un hacha.
─¿Y?
─Llevaba el traje con la bombona de oxígeno y el casco, no le vi la cara. Observó el incendio y luego me miró a mí para después decirme: “No puedo hacer nada, usted necesita la modalidad tres, lo siento”. Antes de irse me dejó una tarjetita en mi bolsillo y se despidió. En esos instantes yo era como una estatua de sal: fría, inmóvil, petrificada... Lo miraba todo con cara de pena y de póquer a la vez.
─Lo siento, lo siento.
─Mi casa ardía como una falla desbocada, las llamas eran espectaculares... A la media hora todo se vino definitivamente abajo. ¡Fluuuuuum!
─Me hago cargo.
─He estado toda la mañana mirando el humillo como un bobo. No sé si reír o llorar.
─¿Y cuánto has pagado por el servicio?
─Mil quinientos setenta y un euros con veintidós céntimos más iva.

©Juanjo Díaz